Hay algunos que están el tope de los grupos de WhatsApp de la pichanga semanal
Así como el ministro de Economía, son millones quienes practican fútbol espaciada y metódicamente, asumiendo sus capacidades y falencias.
La relevancia de la práctica futbolera es representada por el Día Nacional del Futbolista Amateur, el primer domingo de diciembre de cada año, fecha impuesta por un decreto publicado en julio de 2022 y que el ministro de Economía, Nicolás Grau, debería celebrar por su conocido compromiso con el deporte aficionado. Con un estilo de juego defensivo, el secretario de Estado forma parte de los millones de chilenos que juegan esporádicamente las distintas variantes que tiene el balompié, dependiendo del tamaño de la cancha y de la cantidad de competidores.
La práctica espaciada, pero constante, permite la visualización de prototipos de jugadores, cuya lista de siete ejemplos habla de la versatilidad de la instancia social, que disfruta de un amplio arraigo.
1. El Kaiser: es el alma del compromiso colectivo y suele traspasar ese rol a la cancha, transformándose ya sea en el patrón del área o en el director técnico que ordena las posiciones. Un verdadero Franz Anton Beckenbauer, el Kaiser, pero sin una gota de su talento. No juega mucho, casi nada, pero tiene el don de mando. Respetado entre sus pares, pese a que se puede condorear, jamás es criticado. «Se enoja cuando falta uno y cuando él no llega, nadie viene», apunta Nicole Reghezza, de Canchas Neptuno, en el centro de Penco, Región del Biobío.
2. CR7: es el mejor del equipo y todos de alguna manera descansan en sus capacidades genéticas de manejo de pelota y disparo al arco: le dicen «Barrilete», el «Pulga», «Crack», «Tanque», «CR7». Juega todo el partido y en los equipos de futbolito destaca aún más. Si no llega a jugar es derrota fija. «Esto es un ritual serio. Antes, era clave llamar por teléfono a la estrella, para asegurar que fuera y eso le daba tranquilidad a todos. Ahora para eso existe el grupo de WhatsApp», acota Patricio Abarca, jugador del Zánganos de la Liga Independiente de Fútbol, donde se ve las caras con el ministro de Deportes, Jaime Pizarro, y con Harold Mayne-Nichols, entre otras personalidades.
3. El Alberto Chang del arco, o El oportunista: llamado antes lauchero, es una institución que permanece y que se ha revalorizado por la importancia final de los goles, aunque se tiene que poner a tono con el estilo actual del balompié, en que se privilegia correr y hacer coberturas cuando las líneas se mueven ofensiva o defensivamente. Va a estar ahí, listo para robarles un gol al rival y a los amigos, una cerveza, el amor de una dama o no pagará un préstamo de cinco lucas. De todas formas, merodea el arco como un ave de rapiña a la espera de algún rebote o una pelota picando para ejercitar su puntete.
4. Usain Bolt: proviene de la estirpe del puntero abierto y aprovecha sus dotes atléticas para superar metros hacia adelante, con la esperanza de poder conectar con el oportunista, aunque en ocasiones esas conexiones sean imposibles. Tiene tanta velocidad que la pelota se queda atrás y resulta ser muchas veces una terrible decepción. No hay como Patricio Yáñez.
5. El pro: generalmente juega al arco. «Ahora los arqueros son especialistas en el puesto, no juega cualquiera. Se lo toman en serio», asevera Nicole Reghezza. Se preocupa de la indumentaria correcta, como los guantes. Su outfit es el más caro del plantel. Es el que más tiene cara de futbolista profesional, hasta que toca el balón.
6. Murci: desciende de la estirpe del teatrero y de la despreciable costumbre de los futbolistas profesionales de tirarse al pasto desplomados ante el mínimo roce. Cómo olvidar el tremendo piscinazo de Murci Rojas en el mundial de Francia 1998, y cuya acción fue el ejemplo que usó la Fifa de simulación clásica y vergonzosa de una falta dentro del área. «Están en retirada porque detienen el juego y además es objeto de burlas», dice Patricio Abarca.
7. Falcón 3.0: es más distintivo en la práctica de futbolito porque las canchas son más chicas y los roces son más frecuentes. Un foul es tolerable, dos puede pasar, pero al tercer foul surge un repudio generalizado en la cancha, principalmente porque a nivel amateur eso significa que el partido se detiene y son valiosas pausas sin jugar. Hay jugadores que entran a la cancha a repartir y no consejos.
Deain Vojkovic, de One Touch, que ofrece entrenamiento específico para futbolistas aficionados, comenta que «cada alumno tiene un objetivo dependiendo de la posición y el rol que juega en la cancha. Los patrones cambian de acuerdo con las falencias y virtudes de los deportistas».


