El ex velocista jamaiquino incluso se animó a marcar a Ronaldinho
El ex atleta compartió cancha con los chilenos Iván Zamorano, Marcelo Salas y Jorge Valdivia en el evento organizado por la Conmebol.
La Conmebol realizó su ansiado partido de estrellas en el estadio DRK PNK de Miami, Estados Unidos, con dos planteles lleno de viejos cracks sudamericanos. El equipo rojo, Samba, tuvo entre sus filas a los brasileños Ronaldinho, Dida y Lucio y a los chilenos Iván Zamorano, Marcelo Salas y Jorge Valdiva, entre otras leyendas.
Los blancos, en tanto, se apodaron Tango y estaban plagados de argentinos como Sergio Agüero, Javier Zanetti, Gonzalo Higuaín, además del uruguayo Diego Godín. Por si fuera poco, contaron con dos paracaidistas de lujo: el suizo Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y el argentino Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la asociación trasandina.
Sospechosamente Infantino tuvo la primera ocasión del partido, a los 4 minutos, tras un buen pase de Zanetti, pero le dio para cualquier parte. Un minuto más tarde apareció la magia de Ronaldinho para habilitar a Zamorano con un globito dentro del área. Bam Bam controló y cedió hacia atrás, a los pies del colombiano Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol. El directivo también confirmó que lo suyo son las oficinas con remate horroroso.
En el minuto 6 toda la atención se volcó al banco de suplentes. Un espigado jugador con el dorsal 9.58 en la espalda se levantó para hacer su ingreso por un exausto Chiqui Tapia. Se trataba, ni más ni menos, de Usain Bolt (37), el multiganador velocista jamaiquino. El número en su camiseta era precisamente un guiño al récord que estableció en los 100 metros planos en el Mundial de Atletismo de Berlín 2009.
Además de regalarle su clásica pose de celebración a los fanáticos, Bolt también mostró sacrificio en la cancha. En el minuto 30 se encontró cara a cara frente a Ronaldinho y lo desafió. El brasileño le mostró sus trucos, pero el ex corredor no compró ninguno, aunque quedó algo mareado. Dinho finalmente cedió la pelota a un compañero y Bolt le agradeció con un abrazo y risas.
El partido terminó 2-1 a favor del equipo Tango con dos goles de penal de Gonzalo Higuaín. El descuento de Samba fue obra de Ronaldinho, de penal. Iván Zamorano ni dudo en acompañarlo en su celebración, con bailecito incluido. El Mago Valdivia entró en el minuto 57 y sacó aplausos con un par de pases sin mirar.
«El penal fue clarísimo, casi le rompen la pata a Ronaldinho. Eso no puede ser. El Var estuvo lento», dijo un risueño Zamorano a DSports.


