Por trabajo, su esposo pasa parte del año viajando fuera de Chile
«¿Preferirías que John trabajara en Santiago para que no se separan tantos días?», le preguntó un seguidor a Valeria Ortega luego de que ésta, en su Instagram (@vale_ortega) abriera la caja de inquietudes.
Ella respondió que «me encantaría», pero «me gusta echarlo de menos». En detalle, cuenta que «de repente es necesario extrañarse, sobre todo cuando tienes dos hijos y tienes roles súper bien estipulados y conversados de antemano».
El esposo de Ortega, Jonathan Lawn, trabaja para una empresa minera por lo que debe trasladarse en el mes fuera de Chile, como a Argentina, Estados Unidos, Pakistán y a Papúa Nueva Guinea. «Él sí o sí tiene que viajar.
No tiene opción», dice, explicando que -en promedio- se ven dos semanas seguidas al mes. «Creo que es suficiente. Cuando tomó ese trabajo, sabíamos que iba a ser así y nos preparamos un poco emocionalmente para lo mismo.
A los niños se les hace más difícil hacer ese cambio de switch», señala. «Mis hijos lo extrañan y él también los aprovecha de otra manera.
Creo que de a poco nos hemos ido acostumbrando a este estilo de vida, pero que en un comienzo fue súper duro. Además, Siena (su hija menor) era muy chica. Tenía cuatro meses cuando él empezó a viajar así», añade.
El sicólogo Camilo Aguilera plantea que «no hay una forma correcta o estructurada de cuánto tiempo hay que pasar lejos o cerca. Lo que sí es que tiene que ser algo acordado. El proyecto de pareja que construyen ambos tiene que hacerle sentido a los dos».


