La mudanza se originó a partir del trabajo de su esposo, Jonathan Lawn
Llegarán a la localidad de Shrewsbury, cerca de Manchester, donde viven sus suegros. Ahí estarán unos cinco meses hasta que encuentren su nueva casa.
Por donde se mire, en cualquier espacio del departamento de Valeria Ortega y su familia, actualmente existe una maleta o una caja. En estos elementos está todo lo que el clan se llevará para su nueva vida en Shrewsbury, localidad ubicada a una hora de Manchester, Inglaterra. La comunicadora y su marido, Jonathan Lawn, siempre supieron que en algún momento dejarían Chile por el trabajo que el inglés realiza en el ámbito de la minería, pero recién hace tres semanas se concretó todo.
«En un comienzo nos íbamos a Miami, luego a Dubái, pero después, cuando Jon habló con sus jefes, dijeron que para ellos era súper obvio que Jon tenía que estar en Inglaterra porque él es de allá y además es un punto mucho más céntrico para los lugares donde él tiene que viajar, como Pakistán. Desde Chile son como dos días de viaje hasta allá, entonces no es muy eficiente», cuenta Valeria.
De inmediato, la creadora de contenido buscó jardín, colegio, y los primeros meses vivirán en la casa de sus suegros, que residen precisamente en Shrewsbury. Junto a ellos también viajará Kit, el perrito que Vale tiene hace diez años. «Esto es un cambio de vida, nos vamos sólo con pasaje de ida. Para mí Inglaterra era el mejor destino y siempre me ha gustado mucho esa cultura. Y a nivel personal, siempre tuve ganas. Y como están los papás de Jon, vamos a tener redes que nos ayuden. Porque mi mamá vive en el sur y mi hermana, que vive en Santiago, también tiene dos hijos».
Suena muy entusiasmada.
«Sé que es un cambio bien extremo, pero es un cambio que quizás estaba buscando. Creo que es el momento, los niños (Ollie de 4 y Sienna de 2) están en súper buena edad: lo suficientemente independientes, pero lo suficientemente chicos como para que no sea un cambio tan abrupto. Y ya estoy cerrando el telón, sólo estoy con los compromisos que tenía de antes. Mi cabeza ya está afuera».
Su marido viaja mucho. ¿Ese aspecto mejorará?
«Ahora va a viajar más. Pero tengo la esperanza de que al menos sea distinto. En Chile estábamos muy lejos de todo y, por los tiempos de vuelo, él sumaba casi una semana adicional. Y me va a ayudar mucho tener a los papás de Jon cerca».
La logística de la mudanza es la siguiente. Cada integrante de la familia se llevará dos maletas y el resto -desde los muebles de la terraza, su lavavajillas, refrigerador, TV- se irá en un container que llegará en tres meses. Objetos como su comedor y el sillón buscan nuevo dueño, pues Vale Ortega también tiene ganas de rearmar su casa con una nueva decoración. «Estoy en la lógica Marie Kondo», señala, menos en lo que respecta a su maquillaje, que ya guardó en nueve bolsos pequeños, separados por ítem.
Con respecto a lo laboral, cuenta que feliz seguiría colaborando con algunas de sus marcas, aunque sabe que será muy difícil desde otro lugar del mundo. «Tampoco estoy soñando que eso vaya a suceder y además necesito ver cómo voy a funcionar en otra rutina en otro país», reflexiona. «Toda la vida he trabajado un poco lo mismo. A los 14 años volanteaba, después fui modelo, luego me metí a la televisión, ¿y qué pasa si tengo otras habilidades? Podría administrar una peluquería, tener una boutique. Estoy abierta a todo. Me gusta partir de cero, aún me siento joven y tengo ganas de hacer muchas cosas. Y si fracaso, bueno. Mi marido me apaña en todo y le gusta la idea. No se trata de estar echada esperando que él llegue con las lucas a la casa. Quiero hacer cosas por mí».


