El fuego arrasó con la vivienda colindante a la suya, que también sufrió daños
La municipalidad se llevará todo, pero hay que tirar los escombros para la calle. Todos quieren donar ropa, pero también se necesitan manos. Y, claro, algún aporte en dinero, lo que se pueda, porque hay que partir de cero, hay que reconstruir la casa, dijo la campeona de karate.
«¿Papá, tienes una mascarilla a mano?, fue lo primero que dijo Valentina Toro, al llegar a su barrio, la mañana del lunes, después de entrenar desde temprano. La campeona de karate venía con sentido de urgencia, porque ni siquiera entró a su vivienda. Pasó de largo hasta la casa de su vecina, Scarlet Larenas, que el domingo fue consumida por un voraz incendio, que también afectó parte de su techo y el patio posterior.
La muchacha saludó a los amigos y vecinos que se habían reunido frente al 1856, de la calle Dávila Larraín, de Santiago Centro, y se puso inmediatamente a reunir y sacar escombros, en una carretilla y tambores, con un estusiasmo contagioso. Las llamas consumieron todo. No quedó ni un centímetro en pie. Incluso sus nueve habitantes, entre ellos los abuelos Sergio Toloza y Juana Barrera, ambos de 83 años, mismo tiempo que habitan la casa, quedaron sólo con la ropa que llevaban puesta en el momento del siniestro. Nada se salvó: documentos, enseres, muebles y electrodométicos.
Por eso es que Valentina armó por sus redes sociales una campaña de ayuda y publicó en su cuenta de Instagram (@valeentina_toro) los datos de su vecina para reunir ayuda.
«Más que ropa se necesitan útiles de aseo y mano de obra, que es lo más importante. La municipalidad se llevará todo, pero hay que tirar los escombros para la calle. Todos quieren donar ropa, pero también se necesitan manos. Y, claro, algún aporte en dinero, lo que se pueda, porque hay que partir de cero, hay que reconstruir la casa», explicó Toro. La casa de sus padres, que está contigua, también fue dañada. «Hubo una pérdida parcial. El patio quedó un poco quemado y los bomberos causaron algún desastre en el techo, pero para evitar que el fuego se propagara. Además, tenemos rota la matriz del agua, por lo que no tenemos agua ni luz. Yo me pude bañar en mi casa, porque yo no vivo acá, pero no sé si los demás pudieron bañarse», agregó.
Su papá, Patricio Toro, estuvo desde temprano acarreando basura chamuscada, que luego una pala mecánica aportada por el municipio, apilaba de manera más ordenada para ser retirada por un camión. «Fue terrible, Yo calculo 20% de destrozos en mi casa. Estaba en la esquina, trabajando, atendiendo gente en el restaurante cuando me avisan que se me estaba quemando la casa. Salí corriendo y mi señora estaba llorando y no podía llamar a mi hija, la Valentina. Me subí al techo, pero me bajaron al tiro. Los bomberos se abrieron paso por mi casa para poder atacar el fuego de la vecina», contó en una pausa de su trabajo.
Este lunes, apenas llegó, Valentina se puso a las órdenes de Scarlet, que estaba solucionando problema tras problema, mientras también sacaba los restos quemados. «Valentina ha sido vecina de nosotros desde que tenía cinco años, cuando estudiaba en el María Auxiliadora. Mi papá trabajaba con el Patricio, que es su papá, y la iba a dejar a sus campeonatos. Hasta hace un par de años, antes de la pandemia, vivía acá y siempre ha sido una excelente vecina, súper apañadora con todo. A pesar de los maravillosos premios que tiene, ella es una vecina más de acá del barrio. Así que voy a estar infinitamente agradecida con la Vale por toda la ayuda. Ayer nos ayudó a sacar escombros hasta que se fue la luz y ahora está en los mismo», relató Larenas, profesora del colegio Claudio Matte, de la Granja.
¿Cómo se produjo el incendio?
«Comenzó en el patio trasero, como a la una y media. Estábamos haciendo un pollo y al parecer el horno industrial se recalentó con la madera que estaba atrás. Se empezó a quemar una planta y luego agarró un árbol, que a la vez alcanzó la casa. Nos dimos cuenta cuando las llamas ya sobresalían del techo. Alcanzamos a sacar a mi abuelita, que está postrada. También a mis hijos, que son menores de edad. No alcanzamos a sacar nada. De hecho tengo quemaduras en las manos. En cosa de 10 minutos se prendió la casa completa. Los bomberos llegaron muy rápido, pero la casa ya estaba absolutamente quemada».
¿Qué cosa ahora es lo más apremiante?
«Necesito echar abajo todo para poder empezar a construir. Usted escuchó la conversación con Enel, por el tema de la luz. Me dijeron que debo ir a la oficina a tramitar un corte programado, pero nadie de mi familia tiene cédula de identidad, porque se nos quemó. Hasta las llaves de mi auto se quemaron. Quedamos literalmente con lo puesto, pero nos dicen que debo llevar a mi abuelita hasta la oficina o llevar un poder simple. No nos dan la opción de hacerlo por Internet o de una manera más simple, entendiendo que estamos, literalmente, en la calle. Y como le digo requerimos derrumbar y juntar materiales de construcción. Hemos recibido harta ayuda de vecinos. Sé que hay mucha gente que se está moviendo. Tenemos muchas redes de apoyo, gracias a Dios, de vecinos, amigos, compañeros de trabajo».



