Matilda, de 16 años, pidió un recorrido hasta la casa de un amigo
Según relata la comediante, el chofer la miraba continuamente por el espejo retrovisor, le hacía caras raras y se reía y no la dejó bajar antes.
Valentina Saini estaba el sábado en Valdivia para un show agendado en esa ciudad. Mientras en Santiago, su hija Matilda, de 16 años, le avisó que iba a pedir un auto de aplicación para ir desde una peluquería en Cantagallo, donde se encontraba, hasta la casa de un amigo en Estoril, en Las Condes. Hasta ahí parecía un trayecto normal, de esos que cualquier adolescente hace decenas de veces; la comediante no contaba con que pasaría un gran susto.
A 800 kilómetros, Saini estaba tranquila, pero al volver y escuchar la historia que tenía para relatar su hija no duda en compartirlo: «La Mati se empezó a sentir incómoda desde que se subió al auto», comienza a narrar ella. «Se sentó atrás y el chofer la miraba continuamente por el espejo retrovisor, le hacía caras raras y se reía».
Así inicia la comediante el relato del cual tuvo más detalles este domingo, «porque la Mati no me contó tanto ese sábado para que no me preocupara». Y sigue: «Ante estas caras, la Mati se hizo la loca igual. Estaba asustada, así que comenzó a mandarles mensajes a sus amigos, así como voy en un auto, si me pasa algo, esta es la patente. Sacó pantallazos también del conductor para enviarles a sus amistades y el detalle del trayecto. Mientras, el chofer la miraba insistentemente».
Fue entonces cuando decidió pedirle que la dejara bajar. «Le dijo que la dejara bajar, que mejor se baja antes, y el tipo la miró por el espejo retrovisor y con el dedo le dijo que no», relató Saini. «Ahí la Mati vio si la puerta estaba con seguro y sí; parecía seguro para niños, todavía no sabe cómo, pero logró sacarle el seguro».
El auto siguió. Y en ese momento el trayecto se convirtió en algo mucho más angustiante: venía la intersección de Estoril con Kennedy. «Si el chofer no doblaba y seguía derecho por Kennedy, las posibilidades de bajarse se cerraban. Fue heavy para la Mati», agrega la mamá.
El hombre dobló por Estoril y Mati respiró. Pero no se confió. Volvió a insistir, esta vez pidiéndole que la dejara un poco antes de llegar a la casa de su amigo. El conductor de aplicación se detuvo y la adolescente descendió del automóvil. Le dijo un par de cosas y cerró la puerta. «El gallo dio la vuelta con el auto y frenó justo al lado de ella, como intimidándola. Ahí iban justo pasando unas personas y la Mati les pidió ayuda y me llamó».
Qué fuerte.
«Es heavy que estas cosas realmente pasan. La Mati tuvo cabeza fría y, pese a que estaba nerviosa, logró ponerse en contacto conmigo y sus amigos. Te matas de miedo porque no sabes a qué te expones. Se supone que uno opta por aplicaciones porque es más seguro, pero la cosa no es así. Por eso es muy importante compartir el viaje con los padres o amigos».


