Vasco Moulian o el trabajo de ser villano

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La labor del más controvertido jurado de Fiebre de baile es tan incomprendida como encomiable.

La noche del 11 de marzo de este año en «Fiebre de baile» (la misma en que fue expulsado Junior Playboy) hubo un cruce entre Nico Solabarrieta y un tercer juez, Vasco Moulian. El primero se rió cuando el segundo le dijo «te estoy enseñando» y le retrucó «¡pero si tú nunca has bailado!».
Ese es el gran error que siguen cometiendo, una y otra vez, las celebridades que integran este programa. Vasco no está enseñando a bailar, sino a ser pragmáticos.
Tres ejemplos.
1.- Si tapándome un tatuaje puedo subir mi nota en el ramo Cualquier-cosa-menos-baile II (ojo, no pide que se los borren), me los tapo, qué tanto.
2.- Si Moulian está preguntando datos biográficos de la vida del artista al que estoy tributando, me meto de cabeza a Google y Wikipedia en el backstage a la espera de mi turno de saltar a «la pista bendita».
3.- Si trata de «mediocre» mi presentación no voy y declaro en un portal que el mediocre es él. A menos que ignore que este profe tiene ojos y oídos en todas partes.
Esto último le pasó a Betsy Camino, la última eliminada hasta ahora.
El domingo último abrió su devolución para la cubana con la frase «Yo he discutido con muchos participantes, pero nunca me habían tratado de mediocre» y acto seguido la cerró con un «Mi nota es…. Un 2».
Hoy quiero reivindicar la sangre que corre, torrentosa, por las venas de Vasco. Lo poco ortodoxo de su cometido.
«Fiebre de baile» ha dado en el clavo con la función de villano. Lafourcade hacía preguntas de cultura general en la mejor época del «¿Cuánto vale el show?». Era un protovillano, intimidaba por su saber, pero más que nada enternecía.
Passalacqua le decía en su cara a Cristián de la Fuente que lo suyo no era la actuación. Desconcertaba cuando decía: «La noche de ayer del Festival de Viña fue intensa, emocionante, completa y memorable. Le pongo nota 4».
Vasco Moulian los supera a ambos en lo impredecible; muchas veces sobre la marcha decide que una noche evaluará «el post-baile» (respuestas de los famosos en carrera a sus consultas) o derechamente «la chimuchina» (que se enfrasquen en polémicas con sus rivales o compartan infidencias íntimas).
Que nadie se confunda. Sobre todo si están concursando en este «Fiebre de baile». No hay que volverse servil para que les vaya bien con Vasco. Sí astutos. Sí hay que tener el cuero duro y a la vez habilidades blandas para no pisar los palitos que va poniendo, en cada nuevo día de competencia, el más temperamental, arbitrario y brillante de los jurados de «Fiebre de baile».

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