The Game Changer es un colectivo que se descuelga de las azoteas
Rayan su basura de nombre, porque no les da para nada mejor, se quejan los residentes, mientras arquitectos critican la tremenda pobreza de su propuesta.
Aunque no está claro bajo qué criterios se autodefinen como artistas, la mayoría de las víctimas del colectivo The Game Changer no pasan de considerarlos «unos delincuentes temerarios, pretenciosos y lo más importante, sin talento».
Así lo cree Rodrigo Soto, quien vive en el piso 32 del edificio Parque Davis, ubicado en la comuna de Santiago y el más alto que hasta ahora ha sido rayado por este grupo, cuyos integrantes aún no son identificados.
Lo que sí está patente es el dibujo -unas letras- de unos 15 metros de alto, por 12 de ancho, pintado a unos 90 metros de altura, donde se lee TGC, las iniciales de la agrupación. «Rayan su basura de nombre porque no les da para nada mejor, porque si no pintaran sus iniciales, nadie los conocería», reclama Soto, quien lamenta los gastos que se le vienen a su comunidad.
«Aún no sabemos cuánto nos subirán los gastos comunes, porque pagar a una empresa especializada en pintar a esta altura no solo es caro, sino también difícil de conseguir», reflexiona el vecino, quien ha hecho un seguimiento del grupo a través de sus cuentas en redes sociales.
En ellas, el colectivo no solo muestra orgulloso cómo contamina visualmente la ciudad sino también cómo vulnera chapas de puertas y ventanas para acceder a azoteas y se descuelga a grandes alturas y sin ninguna medida de seguridad.
Para el abogado Roberto Rojas, «de acuerdo a las imágenes grabadas por ellos mismos, se configuran sí o sí los delitos de allanamiento de morada y daños a la propiedad privada, ambos en forma reiterada. A ellos, podrían sumarse gran cantidad de infracciones a la ley, las que dependiendo de cada caso, podría alcanzar perfectamente para meterlos a la cárcel», asegura el letrado.
The Game Changer también ha dejado su marca en otras edificaciones de altura de Santiago Centro, como el ex edificio Diego Portales de la Alameda, el Museo Bellas Artes y la azotea de un edificio en Los Leones con Providencia donde se ubica un conocido letrero publicitario, que es también patrimonio.
La poesía
Pese a que no están ubicables, en las redes sociales los miembros de TGC pretenden justificar su actuar en una suerte de manifiesto artístico. En él aseguran que ellos son los primeros en Chile en realizar grafitis en techos y descolgándose de cuerdas, e intentan convencer al mundo de que son artistas.
«La poesía -escriben- es lo más importante en el grafiti, porque aunque te quede feo, lo que te hace pensar es en la acción que alguien suba al edificio y arriesgue su vida, su libertad y que haya evadido a los guardias; que la gente invierta millones en seguridad, en cámaras y que aún así lo hayamos evadido».
«Llegar arriba a pintar y devolvernos para la casa, esa es la poesía hermano», recalca un encapuchado.
Sin embargo, no todos están de acuerdo. Además de las comunidades afectadas, Américo Ibarra, director del Observatorio de Políticas Públicas del Territorio, dependiente de la Facultad de Arquitectura y Ambiente Construido de la Usach, piensa que esta banda debe ser detenida.
«Se trata de un grupo humano, que a juzgar por la tremenda pobreza de su propuesta, pretende dejar su impronta en la ciudad, pero sin tener las credenciales artísticas necesarias. Eso se transforma en una imposición para la inmensa mayoría, que no quiere saber nada de esta propuesta, por mala, fea y fome», asegura el catedrático.


