Así es la rutina íntima de la líder estudiantil
Jueves 23 de junio, 11 de la mañana. Miles de escolares marchan desde Plaza Italia, por calle Balmaceda, rumbo al ministerio de Educación. Camila Vallejo va entre la masa entusiasta y desordenada, pasando muy piola. Aunque la manifestación no fue convocada por la federación estudiantil que ella dirige, dice sentir la necesidad permanente de mostrar su compromiso con «una educación pública, gratuita y de calidad», en la TV o en la calle y aunque eso implique dejar de lado aspectos de la vida normal de una chica de 23 años que de a poco irá revelando con recato, como es ella.
Desde que empezó a ganar reconocimiento mediático, el día de Camila parte a eso de las siete. «Por lo general me llaman para entrevistas y móviles de televisión», comenta mientras es secundada por Rubén Klerman, un muchacho de las Juventudes Comunistas que se define como su «guardaespaldas» (ver recuadro) y Evelyn Cáceres, periodista de la Fech.
Luego de salir de su hogar en la comuna de La Florida, donde vive con sus padres Reinaldo Vallejo y Mariela Dowling, militantes comunistas desde los años 70, Camila toma el Metro y se dirige habitualmente a la sede de la Fech, en Plaza Italia. Ya ha tomado desayuno, algo liviano. «No almuerza hasta después de las siete de la tarde, antes come lo que pille por ahí», comenta Evelyn. El casino de la facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile es el sitio habitual donde la guapa líder repone fuerzas después de reuniones varias.
Poco tiempo tiene para sentarse a comer y menos minutos dice tener para actividades académicas. «Tengo botada mi tesis, sólo estoy leyendo documentos relacionados con las demandas de los estudiantes», confiesa Camila, egresada de Geografía, mientras sigue avanzando entre la masa de secundarios. Luego se detiene en un quiosco de frutas, se fuma un cigarrillo cada cinco o seis cuadras, se saca fotos con curiosos que la reconocen y come de sus dulces favoritos, los «Full» de Ambrosoli, con sabor a menta y a limón.
Camila no es de combinar colores en el vestir: abrigo lila, jeans celestes, polera verde, chaleco negro, bufanda crema y zapatos cafés. No le queda mucho rato para detenerse en cosas que normalmente a una chica le toma varias horas, pero ella igual tira pinta con look entre hippiento y ondero. Se ve atractiva, chispeante.
Son las cuatro de la tarde y tras la marcha de los pingüinos Camila se dirige a la Casa Central de la Universidad de Chile y de ahí a las afueras del Mineduc, donde está reunido el ministro de Educación, Joaquín Lavín, con rectores de las universidades tradicionales. Aquí tiene su primer encontrón fuerte del día con Carabineros, quienes no la dejan instalarse a protestar de «forma pacífica». La empujan y opta por sentarse en el suelo junto a un grupo de estudiantes, en la vereda norte de la Alameda. Entremedio contesta el celular y evalúa entrevistas. Le piden muchas.
«La conozco desde que asumió en la Fech en noviembre pasado. Te podría decir que tenemos una relación de camaradería, siempre tiene un trato cordial», declara Evelyn Cáceres sobre Vallejo, mientras ella por primera vez en el día, siendo ya las seis de la tarde, se muestra alegre y los estudiantes que la acompañan le tiran tallas. «Agrégame a Facebook», le lanza un chicuelo con picardía. Ella nomás sonríe.
¿Vas al cine? ¿Fiestas? ¿Tiempo para pololear? «Me acuesto muy cansada, pasada la medianoche. La verdad no me queda tiempo últimamente para esas cosas», responde Camila, con tono casi aprendido. Es difícil hablar con esta chica de otra cosa que no sea el movimiento estudiantil. Ella misma lo reconoce con devoción. «Debo informarme bien de nuestras demandas, ese es mi compromiso».
Música y película favoritasConozca los gustos detrás de estos ojos
Distintas interpretaciones se han hecho de la cinta «El club de la pelea». Que es antisistémica, que es protofascista, que actúa Brad Pitt y que por eso hay que verla. Camila Vallejo tendrá seguramente su propia mirada de la película, que según su asesora de prensa «es su favorita y la hemos comentado varias veces». En gustos musicales, la presidenta de la Fech se inclina por las letras de la banda británica Radiohead. Y como Camila dice que no tiene tiempo para salir a bailar, aprovecha las marchas para mover de vez en cuando las patitas al son de los tambores y batucadas.
Habla compañero de la Jota
Guardaespaldas la cuida de gases y frescos
Marcha a la que va Camila se hace acompañar de un muchacho de las Juventudes Comunistas. En la convocatoria de los secundarios del jueves pasado el turno de velar por seguridad de la dirigenta fue Rubén Klerman (en la foto, de polera azul), de ingeniería de la Universidad de Chile. «En la federación nos hemos organizado un grupo de tres voluntarios para acompañar a Camila a todas las concentraciones», comenta Rubén, quien porta a la cintura una máscara antigases en caso de que la cosa se ponga ruda. Pero no es para él. «Es para Camila, yo tengo mi pañuelo, con eso me basta», responde el joven con seriedad. Otra misión es estar atento por si algún fresco se quiere propasar entre la masa y agarrar lo que no debe. «Nos preocupamos de que Camila se sienta segura en la calle», dice.


