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Autor de la Foto: BARCELONA WORLD RACE
Título/Pie de foto: Muñoz confiesa que no siempre ha podido cruzar el Cabo de Hornos.
Participan en la regata más larga del mundo
Catorce embarcaciones recorren durante tres meses 46.300 km. Un chileno va en el segundo lugar.
Jorge Núñez
Con un recorrido de 25 mil millas náuticas (46.300 km), la Barcelona World Race es la primera y única regata del mundo que exige a sus competidores dar la vuelta al mundo en veleros equipados para dos tripulantes, sin escalas. Se trata de un reto que comenzó el 31 de diciembre pasado en el puerto español de Barcelona, el que luego de atravesar 12 zonas climáticas en los tres océanos más extensos del globo -Atlántico, Índico y Pacífico-, debería terminar a fines de marzo en el mismo lugar.
Actualmente se libra uno de los tramos más complicados de la prueba: el cruce del Cabo de Hornos, famoso por sus fuertísimos vientos y oleaje. A medida que se acercan al extremo más meridional de América la expectación aumenta, especialmente para el chileno José Muñoz, ex compañero de tripulación del fallecido Felipe Cubillos, quien compite en el yate Neutrógena, ubicado en el segundo puesto, a casi mil millas del Cheminées Poujoulat, que va en el primer lugar.
«Estamos viviendo algo mítico, no es algo que se pueda pasar tantas veces como uno quiera. Obviamente algunas veces lo he intentado cruzar pero no ha sido posible por las circunstancias meteorológicas que tiene este cabo, bastante adverso», aseguró Muñoz vía teléfono satelital en contacto con la Armada de Chile.
«Aunque parezca que la distancia entre el primer y segundo puesto es enorme, aún tienen que cruzar todo el Atlántico, donde Muñoz puede dar muchas sorpresas», espera el capitán de navío (r) de la Armada Carlos Risso, quien además es profesor de vela en la Escuela Naval. «Lo malo es que a estas alturas la presión y la vida cotidiana no deben ser fáciles, menos cuando se convive en menos de diez metros cuadrados», asegura.
Risso se refiere a la superficie habitable al interior de los veleros de la clase Imoca 60, naves de unos 18 metros de eslora, por cinco de manga, con un mástil de 29 metros de altura. «De partida no hay ducha, la comida es casi toda deshidratada y rica en proteínas, por lo que la cocina se utiliza sólo para líquidos y las camas apenas alcanzan para tenderse». Por ahora sólo queda esperar que las condiciones meteorológicas sean favorables para que Muñoz alcance el liderato.


