A sus 79 años regresa con La pérgola de las flores
Estuvo en el montaje original de «La pérgola de las flores» en 1960. Aunque Violeta Vidaurre era apenas una estudiante de primer año de actuación, su profesor Eugenio Guzmán, director de la obra, la metió primero en el coro y después la eligió como reemplazante de Silvia Piñeiro en el rol de Laurita Larraín, la encopetada novia del alcalde.
«La Silvia no se enfermaba nunca, así que yo no tenía posibilidad, pero de repente no pudo hacer una función y yo tuve un día para aprenderme el personaje. Al final estuve en varias funciones, porque lo hice bien y don Eugenio me ofreció hacer una función yo y otra la Silvia en una gira a Viña. Yo le dije que no por la Silvia, que no tenía la culpa de haberse enfermado», recuerda la actriz.
Este año, celebrando el Bicentenario, estará nuevamente en «La pérgola de las flores», pero en el rol de Doña Ramona, la mamá del protagonista, Tomasito, en la nueva sala de teatro de la Escuela de Carabineros de Antonio Varas los próximos 1, 2 y 3 de septiembre a las 20 horas. «La Pérgola ha marcado mi vida, yo me di a conocer ahí. Hace cincuenta años que se estrenó y he estado en casi todas», dice.
Ya se sabe de memoria todos los parlamentos del musical, casi no necesita ensayar, pero aún se siente insegura: «No me creo una gran actriz, siento que podría haber sido mejor, pero sé que hago las cosas con mucho amor y eso llega», advierte a sus 79 años, pese a que agradece estar vigente.
«Sé que hay gente de mi época que no está haciendo nada. Yo me muero sin trabajar, porque no sé qué hacer», sostiene.
Su estampa sigue intacta. Anda muy erguida, se mantiene regia y se pinta los labios. Ella se ríe y revela que por su look pituco siempre la llamaban para papeles de alcurnia. «Me tenían un poquito encasillada. Cuando me puse más viejita me empezaron a dar otros papeles», señala choreada de que ya no la coticen para las teleseries. «Las telenovelas brasileñas están llenas de abuelas y viejas pesadas, pero en este país parece que no existen los viejos. No les gustan, prefieren a las niñas que muestran las pechugas», reclama sentada en su antiguo sofá en su casa de La Cisterna.
Sí la llaman para series, como «Infieles» o para telefilmes. «Ahora están pagando muy mal en comparación como era antes. A veces me ofrecen 40 mil pesos para hacer un papel cagón y digo que no, prefiero quedarme en la casa. Mi mínimo eran 50, pero ahora estoy cobrando ochenta por día para hacerme valer. Si uno acepta los 40 le empiezan a bajar a toda la gente. No puede ser», alega bien orgullosa.


