A propósito de Enade, los tontorrones de siempre no han tardado en calificar de ordinariez y rotería el uso de nuestro grito de guerra como lema de empresarios tan educados y pitiminí. Tonterías.
Cada pueblo tiene su propio grito tribal, de clan cavernario, que lo identifica y lo ata al coraje de su sangre común en el momento de darse fuerza para salir a la cancha, donde se ven los gallos, o para festejar un triunfo en la arena que sea. Están el «Viva la Argentina, carajo» y el «Viva México, cabrones», que viene también en otra versión: «Viva México, hijos de la chingada», en clara alusión a «la rajada», símbolo de todas las indias violadas por los españoles, de las cuales procede la raza mexicana de huachos mestizos, como nosotros, hechos a la fuerza.
En 1970, durante la proclamación de Salvador Allende por el Congreso pleno y en medio de la tensa y protocolar ceremonia republicana, el diputado socialista Mario Palestro gritó a todo pulmón: «¡Viva Chile, mierda!». Fue comentario generalizado y comidillo de café que ese día Allende, al pasar junto al aguerrido sanmiguelino de los grandes mostachos y la chuchada a flor de labios, le guiñó un ojo. Tuvieron que transcurrir 40 años para volver a escuchar la frase de boca de una autoridad nacional, esta vez nada menos que del presidente Sebastián Piñera, con motivo del rescate de los 33 atrapados en la mina San José.
Hay quienes aseguran que el grito, acuñado en las campañas del norte, era un rezo algo más largo: «¡Viva Chile, mierda, mi hermosa patria!». Como sea, estamos seguros de una cosa: la mierda es una y la misma, tanto para Piñera como para Palestro, el mismo excremento, pero el Chile de cada quien con toda seguridad es otro y distinto. Cabe recordar que, no hace mucho, ciberpiratas chilenos habrían ingresado subrepticiamente nada menos que al sitio web de la Presidencia del Perú, reemplazando la imagen de Alan García por un retrato del prócer Bernardo O'Higgins, acompañado como titular de la página el proverbial «¡Viva Chile, mierda!».
Ahora ocurre que la más importante y empingorotada reunión empresarial del país, el Encuentro Nacional de la Empresa en Chile (Enade), que se realizará el 23 de noviembre, adoptó este año como lema la dichosa frase, abandonando así los latinazgos usados en años anteriores, tales como «Persevera, per severa, per se vera» o «Carpe diem», entre otras cursilerías harvardianas y citas a Horacio o a Ovidio. Los tontorrones de siempre no han tardado en calificar de «ordinariez» y «rotería» el uso de nuestro grito de guerra por parte de empresarios tan educados y pitiminí. Tonterías. Entre la seudoerudición del latín y la chilenada no hay donde perderse. Sobre todo si recordamos ese profético poema de Fernando Alegría, escrito el 65, donde nos dice: «¡Ah!, qué empresa tan gigante para destino tan menguado. Entre nieve y mar, con toda el alma, nos damos contra un rumbo ya tapiado, por consecuencia, en la mañana cuando Dios nos desconoce, cuando alzado a medianoche nos sacude un terremoto, cuando el mar saquea nuestras casas y se esconde entre los bosques, cuando Chile ya no puede estar seguro de sus mapas y cantamos, como un gallo que ha de picar el sol en pedazos, digo, con firmeza: ¡Viva Chile, mierda!».


