El histórico relator deportivo escribió un libro con sus memorias
Cuando yo estaba permanentemente viajando, Mimí fue la mamá y el papá de nuestros hijos, pero también el gásfiter y hasta la electricista de la casa, dice.
Vladimiro Mimica dice que nunca se imaginó la cantidad de gente que lo acompañaría. A sus 81 años, el histórico relator deportivo lanzó un libro con sus memorias, titulado «Tuya, mía, para ti y para mí». Lo presentó en el Estadio Nacional y al lanzamiento asistieron 270 personas.
Entre ellas, invitados tan ilustres como el ex presidente Gabriel Boric o el ex futbolista e ídolo de Colo Colo Carlos Caszely, «un amigo estrecho, cercano, muy querido y muy querible», dice Mimica. El ex alcalde de Punta Arenas les dedica un extenso agradecimiento a todos ellos en su autobiografía. «Era una obligación compartir estas vivencias en mi calidad de actor y testigo de una vida que, como todas, ha tenido soles y sombras, penas y alegrías, pero por sobre todo gratitud», dijo.
El agradecimiento más emotivo se lo dedicó a su esposa, Sandra Guerrero. «Gracias, Mimí, mi compañera de viaje por casi cincuenta años», le dedicó. El hombre de radio y la orientadora familiar se conocieron en 1979, cuando él trabajaba en Cooperativa. Pololearon siete meses antes de casarse y tuvieron tres hijos: Vladimiro, Andre y Tania Marina, quien nació con síndrome de Prader-Willi y falleció a los 19 años.
«Yo tengo una profunda admiración por mi mujer. Sin ninguna duda, ha sido un pilar fundamental en toda mi vida. Recuerdo que antes se decía que detrás de un gran hombre había una gran mujer. Ella me demostró que no está detrás, sino al lado, siempre al lado. Tengo mucha gratitud porque no ha sido sólo madre de mis hijos. Fue la mamá, el papá, el gásfiter y hasta la electricista de la casa cuando se necesitaba. E hizo todo eso sola, con tres hijos y mientras yo estaba permanentemente viajando por el mundo o saliendo a regiones. Cuando yo estaba en la plenitud en los medios, en la cresta de la ola, ella estuvo ahí. También durante mi periodo de alcalde, que fue muy duro», dice Mimica.
«Lo que más admiro de ella es que, mientras yo hacía todo eso, también estudiaba y cuidaba a los niños: también hacía de carpintero, gasfíter y electricista. Ella estudió orientación familiar y se tituló estando casada conmigo. Tenía que cumplir todas esas tareas y lo hizo a cabalidad. Cómo no voy a reconocer su compañía invalorable», añade.
En 2016, tras la muerte de Tania, junto a Mimí decidieron volver a vivir a Punta Arenas, donde había sido alcalde entre 2008 y 2012. Ahí también dio sus primeros pasos como cantagoles. «En mi carrera me tocó relatar partidos inolvidables: los de Zamorano en Real Madrid, Marcelo Salas en Wembley, los de Salas en el Monumental de Buenos Aires, los goles de Carlos Caszely, centros de Leonel Sánchez y cabezazos de Carlos Campos en la época del Ballet Azul, goles de figuras internacionales como Pelé, y tantos más. Relaté muchos goles importantes en Chile y en el mundo, pero el que más me marcó fue el primer gol que relaté, siendo un niño», afirma.
Cuando dice que su primer relato lo hizo siendo un niño no exagera: tenía sólo 10 años y le tocó narrar un partido de un campeonato de barrio infantil en Punta Arenas. «Hoy sería imposible que un niño de diez años tuviera la posibilidad de relatar fútbol por la radio. Me encantaría que eso pudiera ocurrir, pero es muy difícil. Yo llegué a la radio para cantar y recitar, hasta que un día se me acabó el repertorio. Entonces el conductor del programa, Alfonso Cárcamo, me preguntó si no sabía otra canción, porque estaba repitiendo siempre la misma. Le respondí que no, que mi repertorio era corto, pero le dije que podía relatar un partido de fútbol. Así empezó todo. Para demostrar lo que decía relaté un partido imaginario: la final entre Chile y Argentina del Campeonato Sudamericano de 1955, que ganó Argentina por 1-0 con un gol de Rodolfo Micheli. Recreé ese encuentro y desde entonces nunca más dejé de relatar fútbol. Y el primer gol que narré en una cancha de verdad lo hizo un niño como yo, de diez u once años: Noel Marín, el Chamaco Marín. Lo relaté en una canchita de la parroquia Cristo Obrero del barrio Prat de Punta Arenas. Han pasado más de setenta años y todavía lo recuerdo como si hubiera sido ayer».


