Vocería de gobierno se puso fome: Pilar Armanet jamás dirá un garabato

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La ministra que no alza mucho la voz estará apenas tres meses en el gabinete

Se define como tranquila. Explica que hubo frustración política con la derrota de Frei. Afirma que no debiera ser dramático perder, porque es partde de la democracia.

Usted jamás verá a Pilar Armanet gritando frente a las cámaras, dejando escapar un garabato producto del hastío o parándole los carros a nadie.

Ella, la vocera de gobierno que reemplazó a Carolina Tohá, tiene otro estilo. Es reposada, no alza mucho la voz. «Soy profe, yo explico», dice sonriendo, porque no conocía bien el episodio del ministro Francisco Vidal, quien dejó escapar un garabatito frente a los medios.

«Cada cual tiene su estilo, yo soy más tranquila. Pancho Vidal habla con el corazón y es una persona inteligente, yo los respeto a todos», dice la ministra, que recibió el llamado de la Presidenta Bachelet en Francia, donde era embajadora. Ahí le pidió que se viniera a Chile. Y Armanet se vino feliz, porque allá estaba muy lejos de sus hijos y de su padre.

– Llegó un poco tarde al gabinete. ¿No le da lata?

– La verdad es que no, porque estaba cerrando el período en Francia y era el momento en que íbamos a pensar en puro despedirnos. Vine a contribuir a, ojalá, lograr el triunfo. Como no sucedió, quiero ayudar a que esto sea un traspaso impecable.

– ¿De verdad no es dramático haber perdido?

– Tenemos que tomar la democracia como es y que los traspasos son de continuidad de Estado y por lo tanto no hay drama. Hay frustración política, por supuesto, pero drama en el sentido de que Chile va a cambiar el 12, no creo.

– ¿Cómo se vivió en Palacio la segunda vuelta? ¿Hubo llantos, cabezazos?

– No, porque la primera vuelta había sido muy compleja. Nos frustró, eso sí, que nos faltara tan poco para ganar. Nos faltó tiempo, yo creo. Ese es el sentimiento, pero en realidad estamos orgullosos, la Concertación termina un ciclo importante y la Presidenta se va con una enorme aprobación ciudadana.

– Pero con el dolor de entregarle la banda a la derecha.

– Dolor es una palabra excesiva. Acá el mundo no se acaba, eso queremos transmitir. Hay continuidad, el Estado es uno solo y acá estamos para servir a los chilenos. Por supuesto nos habría gustado ganar… Hay que trabajar para volver con nuevas ideas y proyectos en 4 años más.

– Usted debe enfrentar a los periodistas. ¿Son muy jodidos esos tipos?

– No, para nada. Tengo buenas relaciones con ellos. Sí hemos tenido, y eso es evidente, una prensa adversa. Espero sinceramente que mantengan en el futuro ese rol vigilante y crítico. Los periodistas tienen que hacer valer su celo profesional, que con nosotros lo han hecho valer con creces.

– El gobierno lanzó una campaña de promoción que fue muy criticada.

– Si uno lee bien las bases, ésta es una campaña de información. Hemos advertido que las personas tienen dificultad para apropiarse de los beneficios y derechos que la ley y las políticas públicas les conceden. Uno de los desafíos es llegar a los usuarios y para eso tenemos que ser explícitos.

– ¿Por qué ahora?

– Porque se acerca marzo y cuando uno promueve derechos sobre la educación, como la entrega de textos escolares, matrículas y otros parecidos, es el momento indicado. Nosotros no necesitamos hacerle campaña al gobierno, para qué. Si tuviéramos el 20 por ciento de aprobación, quizás, pero no es el caso. Necesitamos, sí, que la gente conozca y haga valer sus derechos. Además, el gobierno de la Presidenta dura hasta el 10 de marzo, no nos confundamos.

Buena profe: «Yo explico. Cada cual tiene su estilo. Pancho Vidal habla con el corazón. Yo los respeto a todos».

 

«525 líneas»

La tele y yo

– Usted trabajó en la tele hace unos años.

– Sí, en un programa de canal 11, que entonces era de la Universidad de Chile. El programa se llamaba «525 líneas» y yo hacía comentarios internacionales. Fue una época difícil, en pleno gobierno militar, pero en los comentarios uno podía decir cosas tiradas con onda a la política interna. Uno siempre podía mandar indirectas y era parte del mérito mostrar que había una realidad, que lo que vivíamos era inaceptable y no teníamos por qué aguantarlo. Por Dios que aguantamos los chilenos.

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