Volver a empezar
Luis Castillo se convirtió en un problema político, es cierto. Pero su caso, no lo podemos olvidar, representa algo mucho másgrande.
Quisieron creer que era un héroe, que era un mártir, que era un rebelde. Pero Luis Castillo fue siempre Luis Castillo. Uno de tantos, uno de miles que deambulan por las calles de nuestros barrios y de quienes no sabemos nada porque no tuvieron la mala fortuna de cruzarse en el camino de los cronistas políticos.
Un hombre como muchos que andan por ahí: carne de presidio, que aprendió en el encierro lo que le faltaba por saber para salir y después volver a la cárcel, de la que volverá a salir y con demasiada probabilidad, volverá a entrar.
¿Por qué? Porque el mundo está mal hecho y estamos mal hechos nosotros, porque delinquir es más fácil y a veces, demasiadas veces, no delinquir es imposible.
Claro, hay algunos que se salvan, algunos que encuentran el camino recto, pero la mayoría cree que se rebela haciendo justamente lo que se espera de ellos, y creen que se enojan desperdiciando su vida y las de otros para seguir unos días más, una semana, un mes de angustia, de soledad, y a veces bruscas risas y más bruscos llantos hasta que llega Carabineros y el control de detención, la cana y la rueda que empieza a girar otra vez.
El desventurado indulto de un presidente que quiere caerles bien a todos y a nadie, ya dio esa vuelta completa y confirmó que el ciclo solo vuelve a comenzar. Puso una medalla donde había una herida y liberó a quien estaba destinado a estar preso de un engranaje infernal para meternos a todos a dar vueltas con él.


