Winona Ryder sale a buscar marido a la calle

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A punto de cumplir 40, la actriz está renovada

Se cambió a San Francisco, donde se codea con puros escritores. Dice que no usa internet y que ya superó su cleptomanía.

No hasta hace mucho, Winona Ryder soportaba silenciosamente que su nombre apareciera en los diarios junto a un apodo que todo el mundo entendía a la primera: «Sticky Fingers» («Dedos Pegajosos»). Gracioso y cruel, al mismo tiempo, el sobrenombre les recordaba a los lectores, como si lo hubieran olvidado, que hubo un momento en que a la actriz le dio por entrar a las tiendas y salir cargada de bolsas, pero sin pagar la cuenta.Fue el gran desliz de su vida, ocurrió hace nueve años y le dio más fama -infamia, mejor dicho- que todas las buenas películas que había hecho hasta entonces. También en época navideña, en pleno diciembre, la protagonista de «Beetlejuice», «Drácula» y «El joven manos de tijera» ingresó a un establecimiento cuiquísimo de Beverly Hills y trató de irse con un botín de cinco mil dólares. Fracasó porque la sorprendieron las cámaras de vigilancia y la denunciaron a la policía. No era para menos.

Winona quedó para siempre como ladrona. Desde entonces, nadie se acuerda de ella sin mencionar el incidente y sin especular sobre el estado mental de la frágil actriz. Quien diga que nunca ha pensado, a partir de diciembre de 2001, que se le soltaron los pernos, miente.

Winona Ryder fue a juicio por el delito que cometió en la tienda Saks Fifth Avenue de Beverly Hills. Enfrentó cargos por robo y vandalismo y fue sentenciada a enmendar su falta con servicio comunitario, multas y varios años de libertad condicional.

La actriz pagó y luego se condenó ella misma a un autoexilio simbólico -porque no se fue del país ni nada parecido-, del que salió paulatina y silenciosamente. Se retiró a San Francisco, ciudad donde la criaron sus onderos e intelectuales padres y en la que forma parte de un círculo de artistas del que espera sacar provecho: «Hay muchos escritores mononos allá. Tengo que agarrarme un marido», declaró en una reciente entrevista a «USA Today». Está renovada, Winona. Tanto como para decir que está aburrida de la soltería y que quiere casarse. A punto de cumplir 40 años, hace rato que quiere tener hijos y siente que se le puede pasar el tren.

Pega no le faltó nunca mientras hacía penitencia, aunque por supuesto desaparecieron del horizonte los personajes memorables que antes le habían dado directores como Martin Scorsese, Tim Burton y Francis Ford Coppola. En varias ocasiones recibió sólo propuestas que eran como la mona y ella prefirió quedarse donde estaba en vez de gastar energía actuando en «comedias estúpidas», según dijo en «USA Today».

Winona Ryder volvió de su extrañamiento el 2009, cuando interpretó a la madre del Dr. Spock en «Star Trek». Claro que su retorno ha tenido fases y se ha hecho más notorio este año, a propósito de su actuación en el filme de Darren Aronofsky «Black Swan», donde encarna a una bailarina ya veterana, desplazada como figura estelar de su compañía por la joven Nina Sayers (Natalie Portman).

La actriz entrará al club de las cuarentonas en octubre del próximo año, pero para algunas cosas se siente como si tuviera 80 años. No tiene computador ni usa internet, por ejemplo, según contó a «USA Today», porque todavía prefiere que haya cierto misterio en torno a cosas y personas: «He sabido que puedes averiguar cualquier cosa, lo que me parece pésimo», afirma, y sabe de sobra por qué lo dice.

En la entrevista, la actriz recuerda que su vida y carrera fueron inmejorables mientras era una adolescente y durante su época de veinteañera, pero que todo empezó a hacerse cuesta arriba a los 30. A esa edad justamente fue que tuvo la mala idea de robar en Beverly Hills.

Además de recluirse para escapar del escándalo, la actriz se rió de sí misma y de su costalazo en «Saturday night live» -donde interpretó una parodia del robo- y también posando para una revista con una polera que decía «Free Winona» («Liberen a Winona»), que se convirtió en ícono pop. Nunca se sintió culpable de lo que había hecho, según sotuvo en 2007 en «Vogue».

«No sentí culpabilidad, porque no estaba haciéndole daño a nadie», explicó la actriz, quien responsabilizó de su delito a la tonelada de calmantes que tomaba entonces.

«Dos meses antes, me rompí el brazo en dos partes y el doctor me recetó un montón de analgésicos», recordó. Los fármacos crearon en Winona un estado de «confusión» tal, que se puso a sacar pilchas como loca.

Un guardia de la tienda afectada declaró que «La Confundida» había explicado, una vez sorprendida con las manos en la masa, que estaba practicando para un personaje -no robando- por órdenes de un director. Nadie le creyó, por cierto.

A pesar de la sentencia, a Winona no se le quitó totalmente su manía cleptómana. Un año después de hacer sus descargos en «Vogue», «Sticky Fingers» volvió a atacar, esta vez en otra tienda de Hollwyood de la que quiso irse con unos productos de maquillaje impagos. La sorprendieron, la revisaron y ella exclamó: «¡No sé cómo pudo pasar esto!». Le quitaron las cosas y asunto cerrado.

Poco después se confundió nuevamente. En una fiesta de la revista «Marie Claire» en España, la actriz perdió un brazalete y un anillo de diamantes Bulgari que le habían prestado y que costaban 125 mil dólares.

Winona culpó al hotel en el que se alojaba y los del hotel alegaron que jamás recibieron las joyas en custodia. Entonces llegó la policía a investigar y del brazalete y el anillo nunca más se supo.

«Hay muchos escritores mononos allá. Tengo que agarrarme un marido» .(Winona Ryder habla de San Francisco, donde se crió).

DESNUDA CONTRA EL CÁNCER
Sálvate, Winona
Winona Ryder se dedicó a cosas útiles mientras esperaba que Hollywood la perdonara. Entre otras, en 2006 participó en una campaña de prevención del cáncer de piel lanzada por la marca de ropa Marc Jacobs. Posó desnuda con carteles que exhibían leyendas como «Protege la piel en la que estás» y «Salva tu pellejo».

Sácale la lengua al malvado de Johnny Depp
En esta foto, Winona se ve joven, feliz y sensual. Sin problemas aparentes, aunque en 1990 sufrió un colapso que la llevó a internarse por ansiedad, depresión y estrés. Entonces la actriz tenía 19 años y, además de perder un papel en «El Padrino Ill», hacía poco había terminado su relación con Johnny Depp, con quien estuvo comprometida

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