En ¿Ganar o servir? la más villana de la era reality está mostrando una faceta tan desconocida como encantadora.
Dígame que a usted no le pasó lo mismo que a mí cuando se puso a seguir «¿Ganar o servir?», predispuesto a encontrarse con una Oriana Marzoli maléfica, caprichosa e insoportablemente «nominable», para usar los códigos reality. A cambio de eso nos hemos encontrado con una venezolana-española demasiado simpática y objetivamente encantadora, sin que ello signifique que se deje pasar a llevar, ojo. Han llegado a ser patéticos los intentos de algunas de sus compañeras de teleencierro, como Faloon Larraguibel, para hacerla picar y pisar el palito, con el fin de pelearse con ella y ganar una notoriedad extra. La protagonista de esta columna la ha ignorado a tal punto de dejarla peleando sola durante un combate con espadas de palo. Ahí recordé la frase: «Elige a tus enemigos». Como Oriana no da puntada sin hilo, en este reality se ha arrimado a Pangal Andrade (líder natural), José Ángel González («el poeta del gol», el personaje más tierno del lote) y Austin Palao (el más «mino» del asunto al juicio unánime de las chicas). Pero a no engañarse: que haga migas con ciertos personajes no anula para nada su esencia contestataria. Así se vio hace poco cuando Pangal le dijo que le pidiera a los «sirvientes» limpiar ipso facto la vajilla utilizada por los «señores». Lo hizo, pero no sin dejar en claro que quien le encomendó dicha misión no lo hizo porque no tuvo el coraje necesario.
En la primera competencia sufrió un accidente (su mano enguantada se atoró), lo que generó las suspicacias de quienes no la quieren mucho, pero también la solidaridad de algunas que se suponían en el bando de sus detractoras, como Gala Caldirola. Esa es una característica de los reality: el dinamismo de los caracteres y las relaciones. Quienes no se perdonan una en cautiverios anteriores, al proyecto siguiente en que coinciden bien pueden volverse uña y mugre. Pasó con Gonzalo Egas y Arturo Longton, que en «La granja Vip» no se pasaban y en «1810» se volvieron uña y mugre. Habrá que ver hasta dónde llega esta nueva dimensión de este verdadero animal reality, pero de momento ya nos hace más sentido que Luis Mateucci la haya catalogado como «la mejor de mis ex». Todos tienen derecho a una segunda oportunidad, a una nueva versión y a un estado de ánimo diferente según la época de la vida que estén atravesando. Esto estuvo a punto de pasarme cuando Angélica Sepúlveda recibió la palada de heces de parte de Fran Undurraga, pero hoy se concreta. Nunca pensé que lo diría, pero si Oriana se llegara a ir de «¿Ganar o servir?», la voy a extrañar.


