Alfredo Quijada le pasó la droga a la pareja del futbolista
Desde 1986 que este mítico personaje, conocido entre los futbolistas, presta y arrienda su casona de Renca para fiestas. Tras una investigación del OS-7 de Carabineros él, Contreras y Angela Candelori fueron formalizados.
«¿Y cómo que te dejaron salir?», pregunta a risotadas un taxista, sin bajarse de su auto, en medio de la calle Arturo Prat de Renca, justo al lado de la ventanilla del empolvado Chrysler Fifth Avenue de Alfredo Quijada. «Si los milagros existen, poh «, le grita este último, igual de muerto de la risa, pero con un tono que además transpira resignación, luego de que esta semana la Fiscalía lo formalizara en un bullado caso de drogas que también involucra al ex futbolista profesional Jorge «Coke» Contreras.
«Son muy buenos amigos estos chatos del barrio», agrega después el canoso Alfredo, hablando como para sí mismo, acomodándose sus pulseras, reloj y anillo de oro, mientras acaricia el volante de su larguirucho auto de 1985. Nada de leso, capta altiro que uno le está mirando sus ajuares. «Eran tiempos buenos, poh , en los años 80 me traje este auto especialmente de Estados Unidos. Y el oro siempre me ha gustado, así que una vez, en Turquía, me compré todas estas cosas. Esa gueá está llena de oro», añade, ya medio huraño, sobre el país euroasiático.
Alfredo Quijada Espinoza, el «Chico Alfredo», o el «Huaso Alfredo» para sus vecinos del barrio, tiene 63 años y una increíble historia de fiestas y de bohemia que contar. Un personaje mítico del carrete criollo bajo cuerda, de ese mundillo ligado a vedettes y futbolistas profesionales que campeaban a fines de los 80 y 90. Y su casa de Renca, la «parcela» como le dicen, es en realidad un enorme galpón lleno de piezas, con cancha de baby-fútbol, quincho para asados y una piscina donde alguna vez se bañó hasta la Maripepa Nieto.
En su libro «Secretos de Camarín» el periodista y escritor Esteban Abarzúa narra que en los tiempos del toque de queda «el Chico Alfredo, un bien relacionado hombre de los bajos fondos, abrió las puertas de su casa. Mítico es su panel de fotografías, en el que alcanzaron a coexistir instantáneas y cuadros plásticos de los futbolistas mejor pagados de la época. Decenas de jugadores, la mayoría seleccionados nacionales, aparecen en calzoncillos junto a alcaldes que después serían senadores, humoristas, animadores de televisión, vedettes, funcionarios de gobierno y ceneís».
1998: declarado reo
La primera vez que Alfredo salió en las páginas policiales fue en diciembre de 1991. Aquella vez estuvo vinculado a un caso de droga de un jugador de Universidad de Chile, actualmente retirado y que tiene una escuela de fútbol en el sur. «Se equivocaron, poh . Era otro Chico Alfredo el que buscaba la policía, no yo, y además hicieron un tremendo escándalo por medio gramo. Lo que pasa es que tengo un cartel terrible de grande», recuerda él mismo. Efectivamente, en aquella oportunidad no fue sometido a proceso ni nada parecido.
En 1998, en cambio, sí tuvo un cara a cara real con la Justicia. El 13 de abril de ase año el 18º Juzgado del Crimen de Santiago lo sometió a proceso por una infracción a la ley de drogas, por entonces la 19.366. Incluso fue declarado reo, pero jamás fue condenado por éste ni por ningún otro delito y hasta el día de hoy su hoja de antecedentes está absolutamente limpia.
«Yo nunca me he corrido. Doy la cara y apechugo por lo que hago. He estado preso, pero jamás he traficado. Aquí vinieron jugadores famosos y. pa' qué estamos con cosas, hasta jueces llegaron. Si alguien se pegaba un saque lo haría en privado, en el baño, qué sé yo, no era asunto mío», alega Alfredo.
Esta semana, sin embargo, su nombre y su blanca cabeza volvieron a deambular por un tribunal. Tras una investigación de cinco meses, que incluyó testigos y escuchas telefónicas, el OS-7 de Carabineros lo detuvo a él, a Jorge «Coke» Contreras y a su pareja, Ángela Cadelori, en un operativo que causó revuelo mediático ya que la policía -y mucha prensa- esperaron al futbolista en el mismísimo aeropuerto, cuando regresaba de un partido de Showbol desde Perú, junto a Iván Zamorano, Marcelo Vega y otros ilustres del balompié criollo.
Inmediatamente después de ese episodio, el lunes 3, el fiscal Maximiliano Krause los formalizó a todos por un supuesto tráfico en pequeñas cantidades de drogas, luego de que la policía hallara 24 gramos de cocaína en poder de Ángela. Según Krause, Quijada era el proveedor, Contreras se comunicaba con él telefónicamente para pedirle los encargos, que llamaban «dulces», y Ángela los iba a buscar. El plazo de investigación es de 90 días y todos quedaron libres y con arraigo nacional.
Alfredo Quijada se ríe y a la vez se enoja: «Yo tengo claras las embarradas que he hecho en mi vida, pero esto es una mentira y más encima el Coke Contreras no tiene nada que ver. Mataron su nombre».
Estuvo en tratamiento
La gente del barrio de Arturo Prat le tiene cariño a Quijada, quien vive con su pareja, tiene tres hijos -el menor de cinco años- y trabaja en fletes con camiones. Como buen benefactor de cuneta, mientras transcurre esta entrevista a cada rato se detienen bicicletas, taxis y micros a saludarlo y apoyarlo. No en vano, «El Chico» ha prestado su casa para innumerables fiestas y despedidas de soltero de clubes de fútbol y otras agrupaciones de Renca. «En fútbol yo jugaba de win izquierdo, pero nunca fui profesional por lo borracho», cuenta riéndose.
-¿Usted reconoce que consume cocaína?
-Sí, y no lo digo con orgullo. Es un problema, no se lo doy a nadie, pero es la verdad. Yo vengo consumiendo desde los 24 años, pero ojo, no todos los días. Cuando era joven lo hacía tres veces a la semana y siempre después de tomar trago. Hace once años me hice un tratamiento y estuve meses sin tomar. Me sirvió mucho, pero después empecé con el vino y caí de nuevo en la cuestión.
-O sea la compra.
-Para mi consumo y sin embromar a nadie. Tengo la suerte de que conozco la calle y me consigo cosas, gasto cinco o diez lucas por semana, a veces cada 15 días. No es mucho, pero igual es plata y siempre he tenido problemas. Dios quiera que con esto que me pasó ahora me pueda chantar.
-El «Coke».
-Jamás le vendí ni le pasé nada. El «Coke» no tiene idea de nada y le pido perdón por todo esto. Por ejemplo, él venía a mi casa el verano pasado para que sus niños usaran la piscina, y no tomaba ni cerveza. Es súper sano. Tuvo la mala pata de conocer a un vividor como yo.
-Pero a usted lo acusan con pruebas telefónicas.
-Jamás he vendido. Yo asumo como un error mío el ser consumidor, es terrible, pero es mi problema y te repito que el Coke jamás ha estado metido. Es inocente. Lo que pasa es que yo le di (droga) a su pareja (Ángela), que antes era vecina mía, para que ella no se anduviera arriesgando por la calle, para que la guardara. Y en vez de conseguirle un mote, mejor le conseguí 20, así estaría tranquila. Fueron como 130 lucas, pero era para ella, nunca como negocio. Yo la conseguí (la cocaína) en seis lucas y se las di en las mismas seis lucas, cuando a mí me suelen cobrar diez. Yo sé que también es un delito y lo asumo, pero es lo que pasó. No hubo tráfico ni nada de eso.
-¿Está arrepentido?
-Sí, porque el «Coke» quedó metido por culpa mía. Y también rompieron mi casa.
«No lo conozco»
El vividor Alfredo se ríe de todo y cuando se le pregunta por la época de las vedettes es humilde: «Yo nunca me metí con ninguna. Esas tipas son muy exigentes con el sexo y yo no soy ningún amante de libro, así que no quería quedar en vergüenza. Después, eso sí, se me pasó lo tímido», bromea.
En su barrio lo quieren, pero otros prefieren olvidarlo. Varios ex futbolistas contactados para este reportaje pidieron no ser ni siquiera mencionados, amenazando incluso con acciones legales. Marcos Cornez, el ex portero de la UC y la Selección Chilena, fue escueto, pero sí entrega su opinión. «Yo lamento mucho lo que le pasó al Coke , que es una tremenda persona, pero sé que es un error y va a salir adelante. El otro (Quijada) me suena de nombre, tal vez lo habré visto de pasada hace muchos años, pero sólo eso». Carlos Soto, presidente del Sindicato de Futbolistas Profesionales, prefirió no referirse al tema.
Alfredo Quijada asume que vienen tiempos duros, pero tampoco se echa a morir, aunque en el operativo del reciente jueves 29 de abril, cuando lo detuvieron, el OS-7 halló en su casa un revolver Taurus, una pistola Steyr, varios cartuchos sin percutar, 58 mil pesos, 70 dólares y dos teléfonos celulares.
«Obvio que tengo armas, si me escucharon por teléfono sabrán que tengo camiones, que en eso me gano la vida y que necesito defensa en mi casa, que en realidad es de mi señora. Yo no soy un pato malo, sólo soy un bohemio», clama.
Sea cual sea su versión, la Fiscalía y el OS-7 aseguran tener pruebas contundentes del microtráfico, así que habrá que esperar qué dice la Justicia.
-«En fútbol yo jugaba de ‘win' izquierdo, pero nunca fui profesional por lo borracho», cuenta Alfredo, muerto de la risa.
-Con el 4×4 «preso» anda en micro y Metro
La semana más caótica del talentoso «10»
Este semana Jorge «Coke» Contreras ha tenido que movilizarse en micro y Metro, porque el Mitsubishi 4×4 que usaba toda su familia se lo incautaron a Ángela cuando la detuvieron. «Me ha servido para que mucha gente de la calle me demuestre cariño, tal como mis parientes y amigos. Ni se imaginan lo que me han ayudado», cuenta el futbolista.
Apenas un mes atrás Contreras, junto con Marcelo Vega y Patricio Yáñez, había inaugurado una escuela de fútbol de Colo Colo, llamada «Colo Colo Oriente», en el Estadio Las Condes.
-¿Tuviste problemas con los papás de los niños?
-Ninguno. El jueves (6) en Colo Colo me dijeron que, por favor, mientras dure la investigación, me mantenga al margen de la escuela, porque está la duda de si soy o no lo que dicen. Es razonable, pero tampoco me voy a esconder. Hablaré con los papás de los alumnos y les voy a explicar todo. Claro que obviamente no haré clases.
-De verdad, ¿estás involucrado con cocaína?
-No, y por eso he querido hablar, para aclararlo todo. Lamentablemente, la que sí ha consumido es Ángela, mi mujer. No es una adicta, han sido pocas veces, muy esporádicas, en alguna reunión con sus amigos y amigas. Yo lo sé desde hace un tiempo. En su momento me di cuenta y conversamos que no era conveniente, que no estaba bien. Pensé que era algo superado. Desgraciadamente, en esta ocasión ella se iba a reunir nuevamente con sus amigos, vio la posibilidad de conseguir eso y la pillaron. Para nosotros esto es una cosa de pareja, de amor y de confianza, porque la sigo amando con todo. No soy prejuicioso y tal vez al final ni siquiera iban a consumir, pero ¿dónde aparezco yo en todo eso? Nunca he consumido cocaína ni he comprado ni menos he vendido. Tampoco he sido garante de ninguna transacción, como dijo el fiscal. Jamás he sido nexo de Alfredo Quijada. Para mí este es un tema familiar muy doloroso e incómodo, pero no es un tráfico.
-Según la Fiscalía, por teléfono tú hablabas de «dulces» con Alfredo Quijada.
-No, cómo andarán de perdidos los investigadores que cuando detuvieron a mi esposa ni siquiera sabían que yo andaba jugando a la pelota en Perú. Después, cuando me detuvieron a mí, me mostraron conversaciones telefónicas donde supuestamente yo hablaba en clave, pero eran conversaciones normales, por ejemplo del verano, cuando estaba de vacaciones en el sur y le preguntaba a Ángela si le llevaba salmones. Otra vez le pregunté si había hecho ciertas averiguaciones para la casa, pero ellos le dieron a todo una interpretación turbia. Con Alfredo también hablé por teléfono, no más de cuatro o cinco veces, porque íbamos a su piscina. En una le pregunté si llevábamos pollos asados y también creyeron que era algo raro.
-¿Cómo estás de ánimo?
-Mal, muy preocupado, porque esto es grave y mi nombre quedó manchado, pero internamente sigo tranquilo. Sé que no tengo nada que ver. Ya tendré mi revancha.
-No sería una red de distribución
Aunque la formalización de Alfredo Quijada, «Coke» Contreras y Ángela Candelori la hizo el fiscal Maximiliano Krause, quien realmente lleva la investigación es Ricardo Villarroel. Según informaciones del Ministerio Público, las pruebas en contra de los imputados son declaraciones de testigos, escuchas telefónicas y la droga incautada, pero no habría antecedentes de que se trate de una red de venta y distribución de cocaína a famosos del sector oriente, como se ha publicado. Además, la droga incautada se halló no en la casa de Ángela, de Las Condes, donde vive junto a «Coke», sino en su Mitsubishi 4×4.


