Yo estoy con Rodrigo Salinas

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El único pecado del primer eliminado de Top chef VIP fue no transar su esencia de comediante

Este domingo 14 debutó por Chilevisión «Top chef VIP» y contra todo lo presupuestado, hubo un primer eliminado: Rodrigo Salinas. Los jueces Fernanda Fuentes, Benjamín Nast y Sergi Arola se veían y escuchaban indignados (sobre todo el español) con él al deliberar cuál de los tres peores cocineros del primer capítulo (Raimundo Alcalde, Trinidad Cerda y Salinas) quedaba nominado para una eventual y posterior eliminación. Tanto que Arola, cuando habló a nombre de los evaluadores, directamente lo expulsó del programa.

¿Qué hizo el hombre tras el recordado Ratoncito de «El club de la comedia» que lo volvió tan resistido para los chefs y también para sus propios compañeros, que lo despidieron fríamente y además lamentaron su comportamiento al referirse al episodio ante la cámara?

Lejos de sentirse presionado por la cuenta regresiva del cronómetro, dijo muy suelto de cuerpo que se iba a tomar todo el tiempo del mundo, preguntaba a viva voz para qué servían los utensilios, fue cambiando sus estrategias culinarias una y otra vez. La gota que rebasó el vaso de la paciencia del jurado: fingió que lloraba al ser informado de su nominación entre los autores de los platos más pobres de esa jornada inicial.

Yo lo banco totalmente. No creo que sea justo considerar una «tomadura de pelo» (como hicieron los jueces) que un participante de este programa, que es comediante recurra a gestos, tics y recursos propios de su oficio mientras cocina o presenta sus preparaciones. Equivale a que los chefs encuentren una «provocación» que otra concursante que se hizo conocida por bailar música techno haga unos pasitos al llevar ante ellos su plato (lo hizo Ana María Muñoz, la Zapallito Italiano y no hubo mayores problemas).

A cambio, los jueces de «Top chef VIP» pretenden que esto se transforme en una suerte de regimiento donde ellos, por supuesto, serían los sargentos a cargo de un pelotón de gente sometida, grave y pacata, temerosa de ser ellos mismos. De hecho, la chef Fernanda le advirtió a Jordi Castell que tras cada instrucción de ella, él debía responder con un «oído». ¿No será como mucho?

Lo único «VIP» que he visto hasta el momento de este gastroestelar es la actitud rockera de Salinas. No transa ni pone caritas sólo porque le dicen que hay que hacerlo. Un comediante que no imposta ni ecualiza ni camufla su yo cuando realiza algo tan cotidiano y mágico como cocinar. Un bufón que no reniega de su vocación de dejar la vida tratando de alegrar a los demás.

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