Nicole Kidman inició el divorcio luego de 19 años de compromiso con Keith Urban
Después de una relación larga lo que más conviene es tomarse un tiempo y no buscar inmediatamente una nueva relación porque uno va a tratar de reemplazar lo que perdió, dice el académico Pablo Palma.
El vínculo marital entre la actriz Nicole Kidman y el músico Keith Urban duró 19 años y el fin de esta historia de amor comenzó formalmente el martes pasado cuando la estrella australiana presentó los documentos para los trámites de divorcio, maniobra que acabó con los rumores que se extendían en la prensa de celebridades.
Las dos décadas de vida en común y las rutinas con los hijos conspiran de alguna manera entre quienes deciden dar este paso definitivo, probablemente, no con tanto glamour como la intérprete de «Ojos bien cerrados», «Los otros» y «Dogville», entre otros clásicos cinematográficos.
«De un día para otro me vi sin familia ni casa. Esa angustia que sentía al comienzo se fue diluyendo a medida que pasaban esos días en que el vacío era muy fuerte», recuerda Daniel, ingeniero de 54 años que tras 22 años casado decidió de mutuo acuerdo con su ahora exesposa poner fin a la relación.
Ese tiempo libre que de pronto tuvo, asevera, «me sirvió para tranquilizarme y comenzar a planificar lo que vendría: buscar un departamento donde vivir solo y comprar cosas fundamentales, como una cama y una tele».
Según su experiencia, «después te das cuenta de que no es tan terrible y que como yo hay miles de casos similares en que la protección de los hijos es lo más importante».
Lo desafiante de este contexto incierto, plantea Pablo Palma, director de la carrera de Sicología de la Universidad Autónoma, «es estar bien en términos de salud, mental y bienestar, e ir construyendo esta nueva etapa de la vida paso a paso, procurando claridad primero sobre qué es lo que busco».
Recalca que «las separaciones tras veinte años de relación generan un importante daño emocional, ya que se deben crear nuevas rutinas de vida, especialmente si hay hijos involucrados. La dificultad se agrava por la presión social que enfrentan las personas separadas que, a menudo, experimentan expectativas sobre volver a estar en pareja».
Para Susan Galdames, doctora en Sicología y académica de la Universidad de La Serena, «hay aspectos que tienen que ver con la identidad personal, o sea, quién soy, porque durante esos veinte años previos el yo estaba definido en relación con la otra persona».
Esto se debe, continúa, a que «al no estar con esa persona empieza una serie de procesos que tienen que ver con la construcción de un sentido personal de, por ejemplo, quiénes son mis amigos, o sea, la reorganización de los vínculos, qué amigos son de la pareja, cuáles son los míos, qué ocurre con las familias o si hay otros vínculos».
¿Cuál es el principal desafío en estos casos?
«Son varios desafíos. En el plano de la organización de la vida misma y en el nivel emocional y de la identidad personal, lo principal es que se desencadena un duelo que a su vez se descompone en varias etapas. Pueden haber sentimientos de rabia, otros momentos de desánimo, hasta que pueda tolerar la separación».
Susan Galdames asume que «se debe también lidiar con emociones sobre el futuro y las decisiones que se deben tomar, como si quiero estar o no en pareja».
Pablo Palma, de la Universidad Autónoma, añade que «muchas personas se vuelcan inmediatamente a encontrar pareja por la pérdida que tuvieron, como si esa fuera la única forma de poder vincularse en el mundo actual, aunque existen otras alternativas que no necesariamente significa emparejarse. Yo diría que lo principal es la calma, ir a paso lento».
¿Un tiempo en soledad hace bien?
«Según investigaciones al respecto, después de una relación larga lo que más conviene es tomarse un tiempo y no buscar inmediatamente una nueva relación porque uno va a tratar de reemplazar lo que perdió. Se debe tener conciencia que estar soltero o soltera no significa estar solo y que no es una obligación estar en pareja; por lo tanto, si se da esa búsqueda tiene que ser consciente de nuestras profundas necesidades afectivas, emocionales y materiales, y no una auto imposición».
Susan Galdames, de la Universidad de La Serena, destaca además la relevancia de «pensar en un nuevo espacio propio, no solo desde el punto de vista concreto y físico, sino también tiene que ver con el mundo interior y para eso se necesita tiempo».


