Los edificios están cada vez más pegados, quedando a pocos metros de los otros departamentos
La solución ideal es siempre buscar algo para cerrar que sea ligera, removible y no invasiva, dice un arquitecto.
Con los edificios cada vez más cerca entre sí, la privacidad en la terraza comienza a estar en entredicho. El asado en la terraza ya dejó de ser un espacio solo para los amigos o familia, al tener vecinos cada vez más cerca, son invitados no deseados que pueden importunar cualquier celebración.
Sin embargo, hoy existen varias soluciones móviles y fijas que pueden ayudar a poder disfrutar sin vecinos mirando.
«La terraza es un espacio muy valioso porque es donde las personas disfrutan, es mucho más vivible que otros espacios del departamento. Si se cuida mucho que esté ordenado el living o comedor, no pasa lo mismo con la terraza, donde está pensado para vivirla más con la familia y los amigos», dice Loreto Martín, jefa de marketing de la empresa de decoración Dkohome.cl.
Por lo mismo, el arquitecto Roberto Gutiérrez, vicedecano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián, indica que las terrazas deben entenderse siempre como espacios abiertos: «Por lo tanto, la solución ideal es siempre buscar algo para cerrar que sea ligera, removible y no invasiva».
Indica que siempre hay que pensar en alternativas como cortinas roller de exterior, paneles corredizos de madera tipo Hanga Roa o sistemas de vidrio móvil que se deslizan horizontalmente.
«Todas ellas permiten generar privacidad sin comprometer la ventilación ni la iluminación natural. Lo importante es que se puedan retirar fácilmente y que no modifiquen de manera permanente la fachada», dice.
La gerente de negocios de Decoración de Sodimac, Macarena Espósito, explica que lo más económico son las soluciones móviles como los roller o persianas enrollables de exterior que parten desde $14.900 la unidad: «Se bajan solamente durante el evento o el asado, aportan un ambiente cálido y acogedor y son fáciles de montar», dice. Agrega que tienen la facilidad de que se instalan al techo o al muro.
Los toldos verticales enrollables de forma manual son un poco más caros porque son hechos a medida. Cuestan entre $150.000 a $300.000: «Se bajan sólo cuando lo necesitas y se recogen de forma muy fácil, si hay mucho sol, viento o quieres privacidad. Están hechos con materiales resistentes al calor y al humo, y algunos modelos permiten ver hacia fuera sin ser visto».
El decorador José Vivanco (@josevivanco.cl en Instagram), agrega que el problema de estas soluciones es que cortan la vista y hacen que los espacios se vean más pequeños, por ende, dice que una buena opción para cortar la vista sin impacto es usando plantas.
«Yo pongo plantas frondosas en unos maceteros grandes en la terraza. Eso hace de corta vista de inmediato. Hay que elegir plantas de hojas grande, te ayuda a la privacidad y te invita a estar como en un jardín».
Coincide Gutiérrez: «cuando se cierra una terraza completamente, se pierde el rol de sombreado y ventilación que cumplen en los recintos interiores».
Si no quiere estar preocupado de regar, Gutiérrez indica que hay otras soluciones prácticas como muebles estratégicamente ubicados, paneles de madera, celosías o vegetación en maceteros altos son alternativas posibles, estéticas y menos invasivas: «ayudan a generar privacidad sin comprometer la función original de la terraza».
Espósito indica que los biombos o separadores móviles en madera, metal o fibras naturales se pueden trasladar a cualquier parte según la necesidad, ya que no es necesario instalarlos de forma fija. Existen modelos desde los $65.000 a los $120.000.
Posible conflicto
Si se busca algún cierre definitivo, Gutiérrez indica que está la opción de hacer una perfilería de aluminio o PVC, colocar ventanas correderas con láminas de efecto espejo donde desde el exterior, se refleja la luz que dificulta mirar hacia el interior.
Sin embargo, advierte que hay que tener cuidado con implementar cierres definitivos porque hay edificios que tienen en sus reglamentos de copropiedad establecidos cómo se deben cerrar las terrazas o si se cuenta con la autorización para ello, porque la terraza es un espacio común y puede afectar la fachada.
Otro problema que surge es que se suman metros cuadrados útiles al departamento: «Esto puede traer problemas legales, ya que se altera el permiso de edificación, el cálculo de áreas comunes si el edificio está acogido al DFL2, e incluso el pago de contribuciones o gastos comunes. Por eso, las soluciones permanentes deben ser tratadas como una decisión comunitaria y autorizadas por la copropiedad, dado que la fachada es un bien común», detalla el académico.