El Servicio Geológico de Estados Unidos creó una biblia mundial basada en Chile
La idea de recopilar los testimonios y experiencias de sobrevivientes chilenos del mega tsunami del 22 de mayo de 1960, que destruyó Valdivia, nació del Servicio Geológico estadounidense (USGS). La información entregada por estos compatriotas, que enfrentaron las olas aferrados a los árboles o arriba de los techos, se convirtió en una guía real y práctica titulada «Sobreviviendo a un tsunami: lecciones de Chile, Hawai y Japón».
Este simple folleto, en el que participó el geógrafo chileno Marco Cisternas, es actualmente la biblia norteamericana para mantenerse vivo cuando el mar golpea la tierra. La lección esencial para las personas que se encuentren cerca de la costa cuando ocurra un sismo es evacuar con rapidez a un lugar en altura y no esperar alertas oficiales.
«Ojalá en Chile toda la gente entienda lo mismo por la palabra tsunami y no hablen más de marejadas ni mareas altas. El aviso natural es el terremoto, no hay tsunami sin terremoto», dice Marco Cisternas.
Este profesor de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso le llevó este folleto a Carmen Fernández, actual directora de la Onemi, hace algunos años para realizar la versión chilena. «Ella me dijo que la política que tenían era que las personas deben esperar las instrucciones de las autoridades, que el principio en la Onemi es esperar instrucciones. El modelo norteamericano es distinto y dice que no hay tiempo para que la autoridad haga nada. Se le enseña a la gente a auto evacuar».
Según cuenta el geógrafo, Carmen Fernández le remarcó que los funcionarios de la Onemi están siempre conectados: «Nuestros oficiales tienen teléfono celular en su bolsillo», recuerda Cisternas, quien se pregunta por estos días cuál es la alerta de tsunami que les debía llegar a los chilenos: «¿El sonido de una sirena, un timbre, un gong, una campanada…?».
-El juego de las placas
«El tsunami viaja a 800 kilómetros por hora»
El tsunami se origina por un gran golpe en el fondo marino ocasionado por el terremoto. «Este golpe le transmite al agua la energía que viene de las placas tectónicas y salen ondas de energía. Por eso hay un tren de olas en la costa», detalla Marco Cisternas.
El experto en tsunamis explica que las olas tienen distintas formas y tiempos para llegar a la costa y esto varía dependiendo de si los lugares que afectará están cerca o lejos del epicentro del terremoto.
«Hay bahías que le dan la espalda a donde fue la ruptura de las placas, pero la costa del Maule y Concepción estaba de frente al área de ruptura. La onda o el tsunami viaja a la misma velocidad que un avión comercial, es decir, 800 kilómetros por hora, y por eso llegó a Japón al otro día del sismo», dice el profesor que remarca: «El desplazamiento de las placas tectónicas es el terremoto, pero en ese mismo momento en que nos estamos moviendo la placa empuja al mar por abajo. Le pega y ése es el momento cero para el tsunami».
-Testimonios de chilenos sobrevivientes al mega sismo de 1960 dieron forma a una guía de supervivencia.
1 Corra a lugares altos. Esto salvó muchas vidas en el tsunami de 1960 y no solo en Chile, sino también en Japón y Hawai.
2 No vuelva a buscar cosas. En Maullín, un comerciante de apellido Atala sobrevivió al terremoto. Sin embargo, falleció minutos más tarde cuando llegó el tsunami y él trataba de salvar algunas pertenencias de su negocio.
3 No se desespere. Cuando esté huyendo de un tsunami podría encontrar caminos destruidos. Las rutas se agrietan, quedan bloqueadas y se producen deslizamientos de tierra. Los puentes se cortan.
4 Suba a un árbol. Estalino Hernández salvó la vida en Quenuir, en la comuna de Maullín, en trepando a un arrayán.
5 Ojo con las señales de la naturaleza. Vitalia Llanquimán vivía cerca de Maullín cuando la tierra se estremeció por el terremoto. Un hombre montado a caballo le dijo que el mar había retrocedido. Su marido se dio cuenta que eso significaba que pronto vendría un tsunami. Se refugiaron en una colina. Se salvaron.
6 Aférrese a algún madero. Madera flotante salvó a Nelly Gallardo. Las aguas de la primera ola le llegaron a la rodilla. La segunda ola la dejó semiaturdida y no podía nadar. Se aferró a una viga de madera que se atascó entre las ramas de un arrayán.
7 No es solo una ola. Un tren de olas cruzó el Océano Pacífico en 1960. Las causó el maremoto chileno y llegaron a Hawai.


