En la entretenida miniserie La máquina
La producción está en Disney+ y cada capítulo dura poco más de 20 minutos.
Sucedió cuando la madre de Luna intentaba impulsar la cuna del pequeño Diego por las calles empedradas de Ciudad de México. Con el afán de ayudarla, los actores Patricia Bernal y José Ángel García se acercaron junto a su hijo, que ya podía caminar. En un gesto de ternura, el pequeño Gael le pasó la mano por la cara a la guagua en el carrito.
El trabajo los juntó hace más de 30 años, cuando compartieron en una serie mexicana llamada «Mi abuelo y yo» con la rubia Ludwika Paleta, transmitida en Chile por Mega. Luego, en 2001, se reencontraron en el exitazo «Y tu mamá también», de Alfonso Cuarón, y cuatro años después se asociaron en la productora Canana Films, donde realizaron la película futbolera «Rudo y cursi».
Toda esa complicidad vivifica la entretenida miniserie «La máquina», en Disney+. Es una producción dramática con mucha comedia que trata sobre las cuitas de un boxeador veterano (García) y el encantador sinvergüenza de su manager (Luna).
La historia pasa de lo medianamente verosímil a una retorcida madeja que lo transforma en un thriller con sabor a burritos y tequila, tan ágil que los 20 y algo minutos que dura cada capítulo se pasan como un suspiro.
Quizás la acción se estanca un poco cuando los personajes comienzan a explorar sobre sus historias de vida, marcadas por la pobreza y el abandono. Cuando parece algo groggy, la serie sale de las cuerdas cuando acelera el ritmo con sucesos sorprendentes. Más que sobre lo que sucede sobre el ring, como en otras ficciones deportivas, nos encontramos con sucesos tensos que suceden en torno al box y que influyen en todos quienes viven de los puños.
Sobre los otros personajes, algunos quedan desdibujados aunque parecen atractivos, como Lucía Méndez, la legendaria actriz. Al verla en pantalla queda claro que ha hecho todos sus esfuerzos por congelar el tiempo. También se aprecia la solidez de Eiza González, el personaje más maduro en la galería de tipos defectuosos e infantiles. Pero el origen de los encantos de «La máquina» proviene del entendimiento de memoria entre García y Luna, la fluidez de sus diálogos y el uso laxo del lenguaje, a ratos con un acento hilarante. Se trata de una dupla que merece muchas más apariciones para verlos envejecer como dos compinches.


