Raquel Correa echa al agua a Pinochet: «Era piropero»

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La periodista desclasifica sus archivos

Acaba de sacar el libro, Preguntas que hacen historia, donde resume 40 años de entrevistas.

No baila, no canta, no hace deporte y no cocina «ni un huevo revuelto», dice. No es para el arte ni para los hobbies, no se volvió a casar tras quedar de improviso viuda, no se deja el pelo largo ni sabe manejar. Lo único que realmente apasiona a la dura de Raquel Correa, es simplemente, entrevistar a gente importante. «Me encantaría que Bielsa fuera mi próximo entrevistado», cuenta por ejemplo.

Mujer atrevida del periodismo político en dictadura, acaba de editar un libro con sus 40 mejores entrevistas hechas en 40 años de ejercicio.

Memorable es el dedo de Lagos amenazando a Pinochet en vivo y a toda pantalla en su programa en pleno régimen. O la primera entrevista en serio de un apático, juvenil y ni ahí Chino Ríos que terminó tratándola de tía.

En «Preguntas que hacen historia», su libro aparecido el jueves 13 pasado, esta viuda y madre de un hijo con deficiente madurez mental (que sobrepasa hoy los 40 años y que vivirá con ella por siempre, dice), resume en estas conversaciones, cuatro décadas de historia chilena.

Aquí Raquel Correa, que estaba ayer en su campo cerca de Lontué, donde construye una casa nueva porque el terremoto le echó abajo la que tenía, desclasifica bambalinas de esas tertulias escritas, publicadas e híper leídas.

«Las entrevistas más complicadas fueron las hechas bajo el gobierno militar. Entrevistar por ejemplo al Mamo Contreras me significó un esfuerzo extra», dice.

-¿Por? ¿La amedrentó?

-Bastaba con saber a quién iba a entrevistar para no estar tranquila. Y él, bueno: él jugando un rol de hacerse el suave.

-Con Fra Fra perdió su trabajo una vez…

-¡Uuuhh! Un fregado el Fra Fra. Se enojó por preguntas que hicimos, directas al aire y eso complicó mucho. Eso no fue simpático. Y hay otros que prefiero no recordar.

-¿El más complicado de todos fue.?

-Pinochet. Recuerdo que si uno no hubiera sabido la historia, se hubiera embaucado bastante porque él era un gran manipulador. Era amable, piropero y de repente se enojaba y golpeaba la mesa y uno creía que la iban a echar…

-¿Piropero, Pinochet?

-¡Claro! Es que de repente se enojaba, golpeaba la mesa, pero después salía con un «¡qué bien le queda ese color del vestido!». Salía con algún halago. Para manipular, nada más.

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