Fernanda se puso pantalones largos

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En un año la rubia ha endurecido su cuero en varias capas.

Aceptar, en diciembre del 2008, la oferta de Canal 13 para conducir «Viva la mañana», no fue una decisión fácil para Fernanda Hansen. Se trataba de emigrar del generalmente plácido nicho laboral de TVN a un canal en permanente crisis y a un programa en eterna búsqueda de sí mismo.

Ya sabemos que el 13 tiene, en varios aspectos, fama de ser santa sepultura de muchas refulgentes carreras televisivas. Había que tener coraje para dar ese paso. Pero ella, joven e inexperta, lo dio.

Cuando se cayó del caballo de Camiroaga y todo el mundo supo que andaban juntos y ella tuvo que salir sola del paso mediático, en medio de su difícil recuperación, tampoco fue un momento muy llevadero que digamos, pero de nuevo Fernanda dio muestras de un temple que no le conocíamos cuando era opinóloga. Ni siquiera cuando era directora de «Akademia Mekano».

Este verano tuvo su momento más duro, cuando Pamela Díaz le sacó en cara, al aire, que su pololo no la sacaba a pasear. ¿Qué dijo el otro? Ni pío. Ella solita, aunque soltó más de una lágrima, tuvo que aperrar.

Después, cuando empezaron a reiterarse los rumores de que había terminado con el Halcón, también tuvo que hacer acopio de fortaleza. Pero ni siquiera cuando sus propios compañeros de trabajo Francisco Saavedra y Sebastián Jiménez le hicieron aquella fea encerrona de abril en el matinal del 13, preguntándole si seguía con Camiroaga, ella aflojó. De hecho, recuerdo que se mandó un histriónico bostezo (todo un acto fallido sobre lo «entretenido» que es hacer «Viva la mañana»).

Y ahora, que es un secreto a gritos que la relación interrostros guateó, ella demuestra que todo lo que ha vivido la ha convertido en una mujer grande. Cuando en la última semana en su propio programa sus compañeros le decían cosas como «ahora que estás soltera», ella ni se inmutaba.

Esta Hansen de hoy, la Hansen post Felipe, es otra. Es una mujer más adulta, más madura, aunque para eso tuvo que vivir en carne propia lo que es ser una polola invisible.

Probablemente Camiroaga ni siquiera lo intuya, pero con su especial forma de llevar su pololeo contribuyó a crear a una nueva Feña. Enhorabuena.

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