La vida de Nolli con su primera mujer
En su patio, quemaba cables, para derretir la goma y quedarse con el cobre. La humareda era infernal.
El Araucano es una calle de una cuadra de largo en La Florida. En el 11503 Italo Nolli tenía su casa y su compra y venta de chatarra, hace más de 24 arios. Hoy el sitio es el estacionamiento de una iglesia mormona, pero los vecinos aún recuerdan cómo entraba y salía muy serio, con una boina negra y una casaca, en una camioneta roja.
En el patio acostumbraba a quemar cables, para eliminar la goma y quedarse con el cobre. El humo y el mal olor lo invadían todo.
Ninguno de sus vecinos le vio alguna vez un arma, pero dicen que golpeaba brutalmente a su mujer, Gloria Farías López. Sus gritos se escuchaban nítidos por encima de las altas panderetas que separaban la casa de las de sus vecinos. A ella siempre se le veía con los ojos morados.
Gloria llegó a las oficinas de la Tercera Fiscalía Militar en 1986 para denunciar a su marido. La mujer se entrevistó con el entonces oficial sumariante, Aldo Duque, a quien le relató que Nolli la había enviado unos días al sur del país y que ella, leyendo el diario, había visto su nombre en los obituarios.
«El Nolli» intentó cobrar un seguro de vida fingiendo la muerte de su esposa. «Ella es una mujer muy agraciada. Recuerdo que llegó vestida de rojo a la fiscalía. Después, cuando allanamos la casa de Ítalo Nolli, descubrimos municiones de guerra, una mira para tanque Sherman y granadas de mano», cuenta Duque.
-¿Cómo fingió la muerte?
-El habló con un médico para que le diera un certificado de defunción. Compró un cajón e hizo un velorio en su casa, en Lo Espejo. Al día siguiente, lo llevó al crematorio.


