El mismo día que apareció la indicación en el Gobierno Regional de Coquimbo sobre la ropa que deben usar sus funcionarios, la diputada Marcela Sabat puso el grito en el cielo. Reclamó porque encontraba medio ñoña toda la situación y ayer salió a confirmarlo: «Es bastante ridícula, cuando supe, me reí, pensé que era una broma».
Para graficar las repercusiones que tendría una medida similar en el paraíso parlamentario, puso un ejemplo. «Entre las que tendrían que ser castigadas si eso se extendiera al Parlamento estarían senadoras tan regias como Lily Pérez o Ximena Rincón, o diputadas tan regias como Andrea Molina o Carolina Goic. ¿Yo? Gracias. Es una ridiculez y hasta ahí no más llega el tema», despachó.
El diputado PPD Ramón Farías también opinó sobre el caliente asunto. «Es volver a los tiempos de la Inquisición. Si a esto sumamos la minuta en Atacama, donde se les pide a los jefes que entreguen información acerca de la filiación sindical o política de sus funcionarios, estamos entrando en una situación gravísima»


