Eduardo además nadó, cocinó y alabó el pisco
Antiguo secretario de Frei traspasó su optimismo a modesta familia del norte en Santiago no es Chile
Sentada a la vera de un camino polvoriento que lleva hasta la caleta Cobija, cerca de Tocopilla, la señora María Pinto, humilde recolectora de huiros y dirigente de un pueblo en que viven 20 personas y 17 perros, se desahoga con Eduardo Aninat, ministro de Hacienda de Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Le cuenta que casi todos los proyectos de desarrollo en que han solicitado financiamiento estatal han dado bote, que no tienen ni luz ni agua, que tiene una mediagua provisional desde hace tres años cuando un terremoto le botó la casa, y que se sienten tan abandonados que han pensado anexarse a Bolivia.
Aninat la mira orondo y con optimismo a toda prueba, le recomienda que vea el lado brillante de la vida y que pueden tirar para arriba si abriga una esperanza. «Este viaje me ha enseñado el valor de la dignidad», reflexiona en off el ex ministro en la parte más sensible del capítulo que se emitirá hoy de «Santiago no es Chile», de Canal 13.
El ahora ex presidente de las isapres pasó una semana de enero en el norte, grabando con una familia de mariscadores y en el capítulo se le ve encantado, relajado y radiante.
Probó remar con los humildes pescadores destacando que él tiene carné»de capitán de yate liviano», se lanzó al mar para disfrutar de la tranquilidad de las corrientes llenas de medusas, conversó risueñamente con los habitantes preocupados que le pedían que interceda por ellos, dio consejos como economista sobre la viabilidad de proyectos turísticos, se anunció como poeta emergente y hasta destapó una botella de pisco enfriada en el mar para celebrar empinando el codo.
«Es un caballero súper simpático, relajado, muy hermoso, que no se hacía problemas mientras estuvo aquí», comentó ayer María sin olvidar los ojos azules del ex ministro, quien le cocinó erizos con abundante pisco.
Aninat hasta compartió una agradable jornada al borde de la playa recogiendo huiros mientras era zarandeado por el relajante oleaje que casi lo da vuelta de carnero. «Esto sí que está peludo», reconoció.
Para descansar, se metió en una profunda pocita entre el roquerío a nadar, mientras María lo observaba. Él le propuso que impulsara un proyecto turístico aprovechando las condiciones, pero ella alegó que nunca la pescaban con financiamiento.
Para subir el ánimo en medio del baño de mar, Aninat calculó que con las cuatro horas de trabajo recogieron 100 kilos de huiros que eso les reportaría 18 mil pesos. «Nueve para ti, nueve para mí», le propuso Aninat.


