Su pareja, Matías Kosznik, vio el vehículo volcado en medio de árboles en desolado paraje
La argentina y su pololo se dirigían al aeropuerto cuando se toparon con la escena. Fueron los primeros en auxiliar a la persona y su perro. La diseñadora tuvo que parar vehículos en la ruta para sumar fuerzas. Gracias a Dios tuvo un final feliz y pudimos ser útiles, porque Mati la vio, dijo.
La escena bien pudo ser de una película. Eugenia Lemos y su novio, Matías Kosznik, figuraban viajando en motorhome por Australia Occidental, cuando, rumbo al aeropuerto, se toparon con un accidente en que figuraba un auto volcado con su conductora y un perro heridos.
«Teníamos un viaje de muchas horas por la ruta, que son bien desoladas porque todos los lugares quedan muy lejos. Muchos tramos son de desierto. Veníamos muy tranquilos, eran más o menos las seis, seis y media de la tarde, todavía había luz. Y Mati, de golpe, me dice: Hay un auto, hay un auto. Yo no lo vi, porque había árboles», relata la influencer.
Kosznik bajó la velocidad y fueron viendo las marcas en el pavimento. Frenaron y se acercaron a ver qué pasaba. «Vimos que el auto se había volcado. Había dado por lo menos unas tres vueltas, estaba de cabeza, digamos, las ruedas hacia arriba, le faltaba una rueda», añade Lemos, quien explica que su pareja «por suerte lo vio, pues igual pasaron otros autos y nadie lo hizo. Yo tampoco lo había visto».
Rápidamente, Matías corrió al vehículo y le gritó a Eugenia que había una persona y un perro, vivos, pero ensangrentados. Para actuar rápido, se dividieron las tareas de ayuda.
«Yo me fui a la ruta a empezar a hacer señas porque no teníamos señal (de celular). Nosotros teníamos roaming, teníamos un pack de internet, pero no funcionaba. Entonces, él se quedó viendo cómo ayudar, viendo si el auto tenía alguna pérdida de combustible para ver qué hacer, ayudar, sacar al perro. La persona estaba muy apretada, porque la parte del vidrio -de la ventana- estaba totalmente destruida. Ella estaba en un espacio muy chiquitito contra el piso y de cabeza», cuenta.
Kosznik logró comunicarse con la afectada, en inglés. Ella respondía con monosílabos. «Ella estaba totalmente de cabeza. La salvó el cinturón de seguridad, porque estaba colgando hacia abajo con la cabeza totalmente doblada».
Mientras tanto, Eugenia salió a la ruta a pedir ayuda, parando los vehículos. «La primera persona que paró era un australiano. Él tenía señal, así que le pedí que llamara a la ambulancia. Llamamos al número de emergencias. Por suerte nos contactaron, nos empezaron a hacer todas las preguntas, nos dijeron que iba a venir una ambulancia, pero que tardaría más de una hora, porque estábamos en el medio de la ruta, el pueblo más cercano era Shark Bay. Empecé a parar a más gente para que nos ayudaran y tuvimos tanta suerte que la segunda persona que paró era rescatista, bajó con un kit de rescate y la tercera persona que frenó era una enfermera, así que también bajó con otro kit», recuerda.
Se reunió un grupo de ocho personas que auxilió a la mujer, llamada Natalia, y su mascota, mientras llegaba la ambulancia. «Mati y el rescatista la sostuvieron contra el techo del auto, le sacaron el cinturón y la sacaron del auto», agrega.
¿Mucho susto, Eugenia?
«Fue un momento de mucho dramatismo, de mucha tensión. Estábamos muy asustados porque nosotros fuimos los primeros en encontrarnos el auto, Mati fue el primero en acercarse al auto, en abrir la puerta, en ver con quién se encontraba, si la persona estaba viva, qué tipo de urgencia necesitaba. Además, la situación era bien desgarradora porque todas las pertenencias del auto estaban todas desparramadas como hasta por 30 metros».
¿Cómo mantuvo la calma?
«Mati salió disparado a auxiliar y yo, en ese momento, tomé la postura de salir a buscar gente y de cuidarlo a él, porque también cerca del auto había muchos vidrios y elementos cortantes. Entonces, como yo vi que Mati estaba muy enfocado en ayudar y rescatar a esta persona, yo lo que hice fue cuidarlo a él, ver por dónde se tiraba, iluminarlo, que no hubiera un vidrio, que él no se lastimara. Funcionamos perfecto. Y más que nervioso, estábamos con mucha urgencia de ayudarla, de actuar rápido y fuimos súper rápidos. Fue increíble y muy emocionante porque el grupo de personas que se armó todos frenaron igual que nosotros, se pusieron a ayudar».
Fue un final feliz.
«Cuando llegó la ambulancia y vimos que ya estaba mejor, pudimos seguir la ruta. Gracias a Dios tuvo un final feliz y pudimos ser útiles, porque Mati la vio. Los autos que pasaban, ninguno frenaba, sólo lo hicimos nosotros y las personas que paramos haciendo señas. Entonces, andá a saber qué hubiese pasado si no frenábamos, cuánto tiempo hubiese quedado esta señora ahí. Ella, cuando volvió un poquito en sí, porque seguía con mucho shock, se disculpaba».


