La pareja llevaba un año y medio cuando se produjo el quiebre
La modelo encontró en la casilla de mensajes del celular de su exnovio un código de Tinder justo en una semana en que no estuvieron juntos. Sí, es una especie de infidelidad, dice la argentina.
Yuli Cagna es sincera al decir que su relación con Vico Bouvier no venía bien. Pero algo en la argentina la empujaba a seguir con ese año y medio de pololeo. Hasta que la tecnología hizo lo suyo y adelantó el final.
La pareja se conoció en el dating show «La isla de las tentaciones», esa versión que animó Benjamín Vicuña en Prime Video donde participan mujeres y hombres para desestabilizar a parejas o, en el menor de los casos, fortalecerlas. La de Yuli con Mel Alcalde, su novio de cinco años con el que entró al programa, no soportó y ahí conoció a Vico.
Una vez afuera, Cagna y Bouvier, ya convertido en pololo oficial, entraron a otro reality: «Palabra de honor», de Canal 13. Eran unos dulces, mimos para allá y para acá, pero al salir todo cambió y la pareja terminó por separarse.
Nunca fueron claras las razones del quiebre, pero Yuli decantó todo el proceso y logró hablar sobre qué fue lo que realmente pasó con Vico: «Cuando salimos del reality (de Canal 13) nos fuimos a Argentina a pasar las fiestas de fin de año y en febrero nos veníamos a vivir juntos a Chile. Fue justamente una semana antes de venirnos que, como estábamos discutiendo bastante, le dije que se quedará una semanita saludando a su familia en Córdoba y yo a la mía, en Rosario. Terminaba de hacer mis cosas y de ahí nos juntamos nuevamente para viajar a Santiago».
¿Y qué pasó, Yuli?
«En Chile íbamos a trabajar en redes sociales y todas esas cosas, él tenía un (aparato) celular que no sacaba muy buenas fotos y para trabajar en esto la imagen tiene que verse bien. Como yo tenía el penúltimo modelo del iPhone, le dije: mirá, me voy a comprar la última versión y te paso este que saca muy buenas fotos. Él me dijo que bueno».
Siga por favor.
«Cuando ya estábamos instalados en Chile agarré su teléfono para ayudarlo a pasar toda la información de su móvil anterior al iPhone que le pasé. Para eso me tenía que llegar un código y cuando llega, viste que te lo mandan por mensajes, bueno, yo entró a sus mensajes para ver el código y encuentro uno anterior que decía: su código de Tinder es 9999».
¿Qué hizo usted?
«Ahí me agarró la locura porque miro y era justo la fecha en que él se había quedado con su familia y yo me había ido a despedir de la mía».
¿Lo encaró in situ?
«Sí, él me dijo que sí había bajado Tinder, pero que no lo había usado y la verdad no le creí mucho. Si bien no le creí mucho, no pude dejarlo en ese momento y seguí unas semanitas más. Pero nunca me lo pude sacar de la cabeza. Me pidió perdón, pero yo ya no confiaba. Sentía que no me merecía eso».
¿Es como un engaño estar en Tinder teniendo una relación?
«Para mí es una falta de respeto porque no tengo la certeza de si él lo utilizó o no el Tinder esa vez, pero para algo lo bajó. Sí, es una especie de infidelidad. También me parece falta de respeto que tu pareja reaccione a las historias de Instagram de otra persona; todo lo que sea a escondidas de uno me parece una deslealtad».
En la visión de la sicóloga Anne Varas, la idea que plantea la modelo argentina no esta tan errada porque «entiendo que ellos tenían una relación monógama y si es así la exclusividad es un acuerdo que viene con eso, incluso en cuanto a aplicaciones de citas».
Y agrega que «a ella le dolió porque no deben haber consensuado el permanecer en Tinder, algo que podrían haber hecho. Es una transgresión en la relación y se toma como una infidelidad porque esa aplicación es para buscar pareja cuando no estás en pareja».


