De un día para otro, este plegable se fue a negro: «No se ve nada»

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Los teléfonos que se doblan son muy delicados: ni se le ocurra llevarlos a la playa

El mercado de los plegables es un campo de experimentación para fabricantes de teléfonos Android. Desde aquellos modelos pioneros del 2019 -tan sorprendentes como frágiles- la mejora es considerable. En 2025, la competencia ha dado frutos: pantallas flexibles y mucho más resistentes, bisagras que pasan casi desapercibidas, una experiencia que ya se siente madura y la certeza de que estos equipos van a durar varios años.

Pero Iván Coral, panelista del programa de tecnología «Los Resistidos», supo de esa fragilidad inicial en primera persona. Hace un año y medio le regalaron un plegable de una marca china para su canal de YouTube; aunque le ofrecieron una carcasa, prefirió no usarla para no añadirle grosor.

Todo era una maravilla al principio, recuerda: «Un dispositivo con una pantalla totalmente plegable es una revolución de la tecnología. Yo trabajo mucho con Excel en mis videos: ahí hacía las visualizaciones, podía escribir y la edición de videos se me daba muy muy fácil. Cuando estaba en eventos o de viaje, mientras iba de un sitio a otro abría la pantalla y comenzaba a editar».

Así, pronto Coral se olvidó de que no era un equipo cualquiera. Lo llevó varias veces a la playa y su hija de cinco años lo abría para sacar fotos. Hasta que un día, al plegarlo durante un live, algo sonó raro, como si tuviera suciedad adentro. «Se generó una mancha negra que se comenzó a expandir y ya no se ve nada en la pantalla interna. Incluso se ve como roto».

Hoy Coral sigue usando el equipo, pero sólo con la pantalla exterior.

¿Cuál es su mea culpa?

«No soy muy cuidadoso con los teléfonos. Cuando lo llevaba a la playa, si se me caía en la arena no me hacía ningún problema, lo limpiaba, lo soplaba y listo. También se lo daba a mi hija de cinco años para que jugara por ahí con él. Mi falla fundamental es que no dimensioné lo delicado que era».

Alto desgaste

César Silva, editor de SuperGeek, confirma que un plegable es más frágil que un smartphone común: hasta ahora no existe protección del tipo Gorilla Glass o similar para pantallas construidas con materiales plásticos o híbridos. Si bien los últimos modelos han mejorado su resistencia, aún falta para que alcancen el nivel de una pantalla convencional.

Además de la pantalla, la bisagra también suma fragilidad. «Esos mecanismos sufren con el polvo o incluso con las pelusas y son los que se traban forzando al equipo al abrir o cerrar. Esa pieza es la que recibe todo el trabajo, la que tiene el mayor desgaste. Yo siento que eso se ha ido solucionando: marcas como Honor y ahora último Samsung apuntan a un diseño más duradero de la bisagra, haciéndola de una sola pieza y con materiales más ligeros como titanio o aluminio aeroespacial; eso permite que sobrepasen los 500.000 pliegues de vida útil, lo que asegura al menos cuatro años de funcionamiento», destaca.

Concuerda Felipe Ovalle, director de OhMyGeek: al no ser equipos rígidos, los plegables no usan los mismos componentes de un teléfono tradicional.

Por eso mejor evitar rutinas que se dan por hechas en modelos convencionales, como la sobrepresión en la pantalla, los rayones y, sobre todo, el uso descuidado de la bisagra y el pliegue.

También sugiere poner atención en las certificaciones IP sobre hermeticidad de los celulares. «Ojo con las de agua y polvo, son distintas. El polvo es un gran enemigo de los plegables: hay que tener mucho cuidado con la arena». ¿Por qué los plegables no pueden sellarse igual que otros teléfonos? «Porque son más delgados. Los vidrios son ultrafinos. No puedes hacer los mismos procesos de construcción y sellado que en un equipo rígido para que sea resistente», responde.

Factor reventa

Ronny Bortnic, fundador de Market 19 -marketplace de reventa de equipos electrónicos- advierte que el mercado de segunda mano de los plegables no es el mejor: casi siempre son equipos de gama alta y aún hay desconfianza entre los consumidores sobre esta tecnología.

«Es un nicho chico de por sí, más si alguien quiere comprarlo usado. El vendedor no va a querer bajarse mucho del precio original y ve como un mal negocio venderlo más barato, entonces tiende a no querer rematarlo», señala.

Los plegables usados, según estima, se venden al menos un 30% más bajos que el precio original, dependiendo del tiempo de uso, y muchas veces no se logra el match porque siempre hay dudas de los compradores, que suelen pedir fotos en detalle de la pantalla y la bisagra.

«Es un producto muy distinto, muy nuevo. Es un poco como los autos eléctricos: se ven muy novedosos, pero no quieres ser el primero que lo compra y después no le funciona», compara.

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