Kenneth Bunker publica libro en que busca descifrar el origen de la crisis de Chile entre 2019 y 2023
Antes del estallido social, Chile estaba bien encaminado en la parte económica, no éramos un país desarrollado, pero nos había ido mejor que a los vecinos, dice el doctor en Ciencias Políticas.
«He vivido y vivo la mitad del año afuera (Italia) y, en general, las personas siempre te preguntan, ¿qué pasó con Chile en 2019, ¿cómo pasó? Si era un oasis en América Latina, como decía el expresidente Piñera. Me interesaba que esas personas que están fuera de Chile, que estudian sobre Chile, puedan entender qué pasó en el estallido y la convención a partir de las instituciones, pero también sirve para los chilenos», cuenta el analista y doctor en Ciencias Políticas Kenneth Bunker, que acaba de estrenar el libro Chiles Transformation Amidst Crisis: The Theseus Paradox (La transformación de Chile en medio de la crisis: La paradoja de Teseo).
Casi cinco años demoró en terminar la publicación de 370 páginas que se vende en Chile y el mundo, cuya idea original era explicar el estallido social de 2019 y la evolución de la nueva constitución. Quería sacarlo después del primer proceso constituyente: «Pero finalmente fracasa y termina cambiándolo todo. Hay muchas cosas que se escribieron incluso tres años después, y que termina con el fin del gobierno de Gabriel Boric», explica el también director del Laboratorio de Democracia y Gobierno del Departamento de Economía de la Universidad de San Sebastián e investigador en la Universidad de Verona, en Italia.
En su libro, Bunker plantea que el estallido social de 2019 no fue consecuencia de un modelo económico agotado, como se dijo inicialmente, sino que un deterioro del sistema político que se comenzó a gestar desde 2010 cuando comenzó una fragmentación del sistema político, aparecen los partidos fantasmas, las militancias zombis, además de una baja participación electoral, desconfianza generalizada y vínculos débiles entre ciudadanía y élites. El título del texto alude a la Paradoja de Teseo, en referencia a la historia del filósofo que viajó en un barco que no llegó a su destino sino que tras una larga travesía volvió al mismo lugar del que zarpó, pero muchas partes de la nave habían sido cambiadas. «Por fuera, Chile es igual, la misma constitución del 80, pero por dentro hubo una catarsis colectiva de que el cambio no es gratis y de que no garantiza éxito. De hecho, el cambio puede ser para peor».
¿Es muy simplista plantear que el estallido ocurrió por el modelo económico?
«Creo que sí, en los años previos al estallido surge esta narrativa de echarle toda la culpa a la constitución y al modelo económico. Eso fue creciendo sin rivales, sin una teoría paralela que se quisiera hacer cargo y defenderlo. Cuando ocurre el estallido social, nunca es una protesta en contra de aquello, las personas protestan por distintos temas que son contradictorios. Los políticos y la élite de un sector político empaquetan esas demandas como si fueran una crítica en contra del modelo y la Constitución».
¿Qué concluye en el libro?
«Si es que era en contra de la Constitución, las personas hubiesen aprobado una de las dos convenciones constitucionales que se propusieron. Y si es que era contra el modelo económico, se habría aprobado la primera propuesta constitucional porque era todo lo contrario a lo que había. Era una explicación conveniente y servil para un cierto sector político, no hay ninguna explicación hoy día que se haga cargo de eso. El modelo lo siguen profundizando con el Presidente Boric».
¿Qué motivó fundamentalmente el estallido?
«Antes del estallido social, Chile estaba bien encaminado en la parte económica, no éramos un país desarrollado, pero nos había ido mejor que a los vecinos. Uno de los problemas viene del sistema de partidos que se empieza a fragmentar cerca del 2010 y no en 2018 con el sistema binominal como se pensaba. Aparecen múltiples partidos, sobre todo en la izquierda, que surgen al mismo tiempo que las personas se distancian de los partidos. El remedio que vieron fue hacer más partidos políticos, hubo mucha oferta para poca demanda, cuando se debió haber hecho lo contrario, restringirlos. Y ahí, en 2013, surge una narrativa rupturista con el Frente Amplio que viene a empujar ideas que estaban naciendo en la elite, de que la única forma de resolver todo era aboliendo el modelo. Hubo tierra fértil para una ambición de una elite que llega con un fin rupturista para tomarse el poder».
¿Y entonces?
«Fue una fragmentación asimétrica, porque se crearon más partidos en la izquierda que en la derecha. En ésta ocurre más una polarización entre Chile Vamos tradicional y una nueva derecha, pero en la izquierda hay más voces, más demandas, se ve una izquierda más fuerte, pero son con partidos más chicos como Poder o Revolución Democrática».
¿Con la era Boric se marca el fin de esta transformación?
«Se cierra una etapa, es la cola de toda esta crisis y ya debemos ver el inicio de algo nuevo en el próximo gobierno.No significa que no vaya a haber movilizaciones en el futuro».
¿Cómo ve ya el próximo año?
«Se cierra todo el proceso constituyente. ¿ Por que si era tan importante no está en ninguno de los programas presidenciales? No hay nada que tenga algo de similitud con respecto a lo que era el rupturismo de hace cuatro años.
Y creo que las personas también están cansadas, quieren soluciones más pragmáticas, la clase media no soportaría otro tipo de crisis como la que ya hubo. Habría más resistencia civil, porque todo lo que ocurrió va a quedar en la memoria de las personas como algo negativo. El estallido social envejeció mal, el proceso constitucional va a envejecer mal como una pérdida de tiempo, más allá de la educación civil que proveyó».


