
La inflación no registró variación en junio, pero el dato esconde un efecto distinto para el bolsillo de los consumidores. Mientras las fuertes bajas de las gasolinas y del diésel compensaron parte de las alzas, varios alimentos se siguieron encareciendo.
Según el informe del INE, el pan, por ejemplo, aumentó 4,5% durante junio y fue el producto con mayor incidencia en el IPC. Otro que aportó fue el vino con un incremento de 3,9% y un acumulado de 14,1% entre enero y junio, una cifra llamativa para una industria que desde hace años enfrenta un menor consumo interno.
Para Patricio Ramírez, coordinador del Observatorio Económico y Social de la Universidad de La Frontera, el IPC de junio puede llevar a una interpretación equivocada si solo se mira el resultado final de 0%. «Se esperaba incluso un IPC negativo por la caída de los combustibles, pero esa baja fue compensada por el aumento de los alimentos. El 0% puede dar una falsa sensación de que nada subió, cuando en realidad hubo productos que aumentaron bastante»,
explica. A su juicio, el origen de la inflación importa tanto como el dato agregado. «No es lo mismo que suban bienes menos esenciales a que aumenten alimentos de consumo diario como el pan», sostiene.
El comportamiento del precio del vino abrió una a interrogante: ¿Por qué un producto que ha visto caer su consumo registra una de las mayores alzas del año? Óscar Melo, economista agrario de la Universidad Católica, reconoce que se trata de «una paradoja». Explica que durante los últimos años la superficie plantada con viñedos ha disminuido de manera sostenida, lo que ha reducido la disponibilidad de uva y elevado el precio tanto de la materia prima como, en algunos casos, del vino a granel. «También es posible que, dada la crisis que vive el sector y el cambio en los patrones de consumo, el mercado nacional se esté moviendo hacia vinos de mayor valor», señala.
La explicación es compartida por Guillermo Armelini, director de marketing y operaciones de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes, quien identifica varios factores actuando al mismo tiempo. «Han aumentado los costos de producción, especialmente energía, transporte y mano de obra, lo que impacta directamente a la industria vitivinícola», afirma. A eso agrega las condiciones climáticas. «Se esperaban lluvias que finalmente no llegaron, reduciendo el volumen de uva disponible y la cosecha nacional».
El académico añade que el cambio en los hábitos de consumo también ha modificado la estructura de la industria.
«Muchos productores han reducido la superficie destinada a viñedos y eliminado parrales. La capacidad productiva está disminuyendo, aunque ese efecto todavía no se refleja completamente porque aún existe un stock importante de vino acumulado», explica.
Ramírez suma otro elemento. A su juicio, el dinamismo de las exportaciones también podría estar influyendo en el mercado interno. «Al ser un producto transable, una mayor exportación reduce la oferta disponible en Chile y eso también puede presionar los precios al alza, aun cuando la demanda local no sea tan fuerte», comenta».
Sin embargo, el alza acumulada de 14,1% también tiene una explicación estadística. Rodrigo Wagner, académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, analizó la evolución del precio del vino descontando el efecto de la inflación general y concluye que el comportamiento observado este año no es muy distinto al de 2025. La diferencia está en el punto de comparación. Según explica, el vino suele registrar caídas importantes de precio hacia el cierre del año y diciembre de 2025 no fue la excepción. Como la variación acumulada se calcula respecto de ese mes, el incremento registrado entre enero y junio aparece amplificado. En otras palabras, el fuerte aumento acumulado responde en parte a que la base de comparación era inusualmente baja y no necesariamente a que los precios estén creciendo a un ritmo muy superior al observado en años anteriores.
Potente rebaja en precio de las bencinasLa Empresa Nacional del Petróleo (Enap) comunicó a distribuidores mayoristas este miércoles cambios sustantivos en los precios de los combustibles las cuales regirán en las distintas estaciones de servicio. Las variaciones son las siguientes: Gasolina de 93 octanos, -100,3 pesos por litro ($/Lt); 97 octanos, -99,8 ($/Lt); kerosene, sin variación; el diésel, -155,4 ($/Lt) y el precio del gas GLP de uso vehicular baja 22,1 pesos por litro. Sin embargo, aún resuena el histórico «bencinazo» que se concretó a fines de marzo tras una modificación al Mepco, disparando la gasolina de 93 octanos en $370 y el diésel hasta en $580 por litro. Esto porque aunque el precio internacional ha bajado y se han registrado algunas rebajas recientes en las estaciones de servicio, los combustibles aún no vuelven a los niveles previos.