Quería estudiar danza, terminó dedicado a las uñas: «Ser hombre llama la atención»

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Sebastián Barriga despliega en Puerto Montt una veta poco convencional de la cosmetología

En la última década, la actividad se profesionalizó, los precios subieron y los clientes exigen servicios serios.

Las vueltas de la vida llevaron a Sebastián Barriga a dedicarse a  las uñas. Cuando salió del colegio, su plan era otro: «Quería estudiar danza, pero es un poco más sacrificado ese tema. Mis papás fueron los que me dijeron que mejor eligiera cosmetología». Terminó matriculado en el AIEP de Puerto Montt y así apareció su oficio actual: «Pasé por todos los ramos, pero la manicure fue lo que me encantó».
Hoy, a los 25 años, ese oficio le entrega una rutina que él mismo describe como relajada: atiende en su casa, en un home studio «más privado», recibe entre tres y cinco clientas diarias y cobra entre $30.000 y $50.000 por sesión, dependiendo del servicio. «Como trabajo solo puedo llevar mi propia agenda. Este trabajo me ha dado muchas oportunidades, he conocido mucha gente y puedo tener una vida muy tranquila», valora.
La inclinación venía de antes. Al momento de elegir carrera barajaba opciones «ligadas a lo artístico»; le tiraba el maquillaje teatral y de espectáculo, pero el primer contacto con el rubro fue en cuarto medio, en los tiempos muertos de los últimos días de clases. «Mis amigas llevaban sus esmaltes y ahí nos entreteníamos; les pintaba las uñas, sin tecnicismos ni nada, solo por diversión. Una tía me regaló mi primer kit, creo que era de acrílico. Ahí empecé a ver por YouTube y descubrí que es todo un mundo, toda una industria. Nunca me metí en el rubro para ganar más dinero.
 Siempre fue por pasión, me gustaba mucho», asegura.
En Puerto Montt, además, parte con una carta a favor: «Me parece que hay dos o tres chiquillos más que hacen uñas acá. Somos pocos, entonces de entrada ser hombre llama un poco la atención».
Al comienzo era el único -o casi- de la zona, y sus clientas se sorprendían al saber que un hombre las atendería. A eso le suma oficio: «Siempre he tratado de perfeccionarme y estar muy a la par con las tendencias. Trato de salir un poco de lo común y acomodarme a todas las necesidades de las clientas, porque es muy común que pidan diseños distintos, y poder hacerlos todos es algo que te destaca».
La mayoría asocia la cosmetología al cuidado de la piel. ¿Qué tanto estudian el tema uñas?
«Cuando yo estudié en el AIEP me enseñaban bien, porque al final el ramo de maquillaje y el ramo de manicure son complementarios. Hay todo un mundo de uñas que se puede explorar, pero falta potenciar ese lado. Yo creo que manicure podría ser una carrera sola, la verdad».
¿Hay espacio en el sur para esta especialidad?
«Sí, hay mucho interés. Quizás en el último tiempo hay miedo de emprender, pero de hecho tengo clientas, una o dos, que están interesadas en tomar el curso y una ya hace uñas. Lo ven como una opción extra. Ha crecido bastante el ambiente acá en Puerto Montt».
Además de atender, se lanzó a enseñar. ¿Cómo partió eso?
«He hecho cursos personalizados. Todavía no me he tirado yo solo a hacer una masterclass, más que nada porque me da un poco de nervio. El curso que tenemos ya lo hicimos en el 2024: el AIEP nos prestó la sede y lo llevamos a cabo con unas compañeras que conocí en Colombia, cuando me fui a capacitar allá, una chica de Perú y una chica de Colombia. En esa primera edición hicimos una capacitación de cuatro días entre los tres, fue algo bien bonito. Ahora en noviembre vamos a realizar una segunda edición, del 24 al 27, y vamos a integrar a una compañera de México que esa vez no pudo venir. Es algo bacán, porque por lo general estas capacitaciones uno tiene que tomarlas o en Santiago o fuera de Chile».
 
Su tiempo se reparte hoy entre el servicio y la enseñanza. ¿Dónde se ve en el futuro?

«Me gustaría llegar al punto donde pueda cerrar la agenda y atender solamente a mis clientes que llevan años conmigo, y el resto del tiempo dedicarlo sólo a educar».

Más clientes, más exigencia

Para Francy Melán, cosmetóloga colombiana radicada en Chile desde 2014, el cambio en el negocio ha sido evidente durante la última década. «Cuando llegué, no veía tanta preocupación por el skincare ni por las limpiezas faciales.

Hoy mis clientas chilenas son constantes y vienen mes a mes», destaca.?Ese crecimiento, recalca, también elevó las exigencias: aparecieron tecnologías, productos y tendencias como el skincare coreano: «Eso obliga a prepararse más, asistir a cursos y seminarios y actualizarse permanentemente». En su caso, ninguna limpieza facial comienza sin antes realizar un diagnóstico de la piel y recomendar una rutina adecuada.

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