Whoop no tiene pantalla, pero mide de todo: cuesta $256.000 puesta en Chile
Es común en el circuito profesional, pero los Grand Slams aún vetan su uso en cancha.
En pleno desarrollo del Australian Open 2026, tenistas top como Carlos Alcaraz y Aryna Sabalenka se han visto envueltos en una inusual polémica normativa: ambos, en plena cancha, fueron obligados a despojarse de sus bandas Whoop antes de competir. El incidente más comentado ocurrió cuando una jueza de silla se percató del sensor oculto bajo la muñequera del multicampeón español, a quien le exigió su retiro inmediato.
¿Pero por qué vetar una herramienta ya avalada globalmente por la ITF (Federación Internacional de Tenis)?
La clave de este conflicto reside en la fragmentada gobernanza del tenis de élite. Pese a que la ITF actualizó sus reglas en 2025 y los circuitos ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) y WTA (Asociación de Tenis Femenino) abrazan esta tecnología, los cuatro Grand Slams operan como entidades autónomas con potestad reglamentaria propia. Al ser entes independientes, el Abierto de Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open no están sujetos a las directrices de las asociaciones profesionales.
Desde Melbourne Park, la organización sostiene que el uso de accesorios wearables (usables) en las canchas de tenis sigue bajo «evaluación técnica». El CEO de Whoop, Will Ahmed, contraatacó lanzando esta semana la campaña «Data is not steroids» («Los datos no son esteroides»), criticando duramente la decisión australiana.
Equidad competitiva
Whoop es una pulsera inteligente sin pantalla que mide rendimiento físico 24/7, registrando una serie de datos a través de sensores: frecuencia cardíaca, variabilidad del ritmo, temperatura y respiración. Todo se procesa en la nube, con inteligencia artificial, y se resume en tres métricas clave: esfuerzo cardiovascular, recuperación fisiológica y calidad de sueño. El sistema funciona bajo un modelo de suscripción mensual, que incluye acceso a la plataforma de análisis vía celular.
«En el contexto del tenis, la discusión sobre el uso de Whoop podría ir por un tema de equidad competitiva. No se trata de una trampa ni de modificar el juego en cancha, sino de la ventaja estratégica indirecta que puede generar el acceso a datos fisiológicos avanzados. Desde esa lógica, algunos torneos podrían considerar que su uso predispone a una ventaja, especialmente para jugadores top que tienen mayor acceso a este tipo de tecnología. Por eso se abre la discusión sobre su autorización», explica Sebastián Gangale, personal trainer.
En su gimnasio Gangale GFF, cuenta, hay al menos cinco alumnos que usan este dispositivo. Según dice, Whoop luce diferencias claras con otros wearables: los datos que entrega están enfocados principalmente en el rendimiento deportivo, mientras los relojes inteligentes tradicionales muestran métricas generales. «El dispositivo interpreta esa información y te da sugerencias prácticas sobre la carga de entrenamiento y la recuperación; eso es especialmente relevante para deportistas de alto rendimiento», valora.
¿Por qué no tiene pantalla?
«Esa es la clave. No está pensado para mostrar datos en tiempo real ni para que el usuario esté pendiente mientras entrena o compite, sino que el foco está puesto en el rendimiento. Al no tener pantalla permite un monitoreo constante 24/7, reduce distracciones y mejora la duración de la batería. En ese sentido la ausencia de pantalla no es una desventaja, está hecha así a propósito. Está orientada a un análisis más profundo: la idea es recopilar datos para analizarlos después, no para estar mirándolos en el momento».
Modelo de negocios
El periodista especializado en tecnología Martín Calderón explica que Whoop tampoco emite sonidos, sino que opera exclusivamente a través de vibraciones. «Su funcionamiento es casi invisible. Recoge información fisiológica y, si lo configuras, puede alertarte de ciertas cosas con pequeños impulsos en la muñeca». Por ejemplo, desórdenes en el ritmo cardíaco.
Pero más allá del diseño, su mayor reparo es el modelo de negocios. «El problema real que tengo con Whoop es la suscripción. Si no pagas, lo que ofrece es muy limitado», advierte. A su juicio, existen alternativas como Apple Watch, Galaxy Watch o las bandas de Xiaomi que entregan métricas igual de útiles sin cobrar mensualmente.
«Pasa lo mismo con el anillo Oura Ring o con Fitbit desde que lo compró Google. Estás pagando por funciones que otros ya incluyen. Whoop termina siendo un producto para un nicho muy puntual: ejecutivos tech, gente de startups, ese mundo donde el minimalismo es parte del uniforme».
14 días de carga
La quinta versión de Whoop ya está disponible en Amazon con despacho a Chile (queda en unos $256.000 puesto en Chile, https://acortar.link/1XYHTg). Dura hasta 14 días por carga y cuenta con sensores que recopilan datos biométricos 26 veces por segundo, incluyendo frecuencia cardíaca, sueño, estrés, temperatura y rendimiento físico.
Por cierto, hay versiones más económicas de bandas sin pantalla de otras marcas, como la Amazfit Band 7 de Amazon, pero más básicas.
¿Anillos inteligentes? En Chile aún no llega de manera oficial ni el Oura, el tope de línea, ni el de Samsung, la apuesta de la compañía surcoreana.



