Abogado pescó langostinos en el Golfo de Carpentaria: «La peor experiencia de mi vida»

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En Australia abunda el trabajo para chilenos, pero las jornadas pueden ser extenuantes

Con la visa WH, muchas labores se desarrollan de sol a sol bajo un calor implacable.

El abogado Sebastián Vera (32) partió a Australia con la intención de conocer el mundo. Mirando hacia atrás, dice que disfrutó sus diferentes trabajos: repartiendo comida en bicicleta, como operario de máquina en una fábrica, en una tienda de celulares, una joyería, un supermercado y en una empresa de limpieza.

No fue lo mismo, sin embargo, cuando abordó un barco recolector de langostinos tipo banana en el Golfo de Carpentaria, en el extremo norte del país-continente.

¿Qué tal el trabajo? «No había un régimen fijo», recuerda Sebastián. «Terminábamos a las 10 de la noche, comíamos, y a la 1 AM ya estábamos levantándonos para colocar las cajas con langostinos en el congelador, lo que nos tomaba unas tres horas. Después dormíamos una o dos horas más y volvíamos a echar las redes. Seguíamos de corrido hasta las 10 de la noche y así sucesivamente. Entremedio teníamos media hora para desayunar y almorzar».

Todo ese sacrificio parecía valer la pena. Vera calculaba que podría ganar entre 13.000 y 20.000 dólares australianos por temporada de pesca, que duran entre 8 y 10 semanas (entre 8 y 12 millones de pesos chilenos). Las jornadas de hasta 18 horas diarias no le preocupaban demasiado, pero lo que realmente hizo la experiencia insoportable fue su relación con el first mate, algo así como un primer oficial: le gritaba apenas despertaba y lo mandaba al freezer sin guantes.

Tras cuatro semanas -y con dos crisis de pánico a cuestas- el chileno desembarcó. «El tipo me pidió que me quedara, pero ya no lo podía soportar. No me quería dejar salir del barco. Así que, terminando la descarga, saqué mis cosas rápido y me fui casi a escondidas (…) Fue horrible. La peor experiencia de mi vida. Y se suponía que iba a ser una bonita aventura», reflexiona.

Calcula que le quedaron debiendo unos 5.500 dólares australianos por el mes que estuvo a bordo (casi $3,4 millones), pero aún no tiene respuesta alguna de la empresa. Volvió hace un mes a Concepción y la experiencia todavía está latente.

¿Cómo decidió bajarse del barco?

«Tomé la decisión después del segundo ataque de pánico. Ya había sido insultado demasiadas veces y las agresiones ya eran físicas. Era personal. Inventaba cosas para colocar al resto en contra mía, era ridículo. Pensé que no iba a salir vivo de ahí».

Trabajo sucio

Tomás Jara, quien lleva casi seis años en Australia, recuerda su experiencia en construcción como una de las más desafiantes. Durante su año de Working Holiday le tocó hacer mezclas para albañiles: pasaba el día cargando sacos de cemento en polvo, tirándolos a la mezcladora y llevándolos donde se necesitaban. Era un trabajo físico, pero lo peor era el ambiente: «Mis compañeros, todos australianos, hablaban rápido en inglés nativo; como mi inglés no era tan bueno, muchas veces no entendía lo que me pedían a la primera. Cuando les pedía que repitieran, se enojaban y hasta me gritaban. Eso lo hacía todo más pesado.»

«Luego trabajé con una herramienta llamada grinding, que es básicamente una sierra para pulir suelos y paredes. Generaba mucho polvo y el equipo de protección era esencial. Era un trabajo sucio: llegaba a la casa y todavía estaba temblando. Recibía 25 dólares la hora ($15.000); para lo que implicaba, no valía la pena», afirma.

Ocho horas sola

Fran Araneda, quien va por su segundo año de WH en Australia, trabajó en una granja en Carlsbrook, pueblo en el centro del país azotado por un perpetuo calor seco. «Lo hice en pleno verano en un invernadero. A veces partíamos a las 5 de la mañana por el calor y seguíamos hasta las 2 o 3 de la tarde cosechando tomates hidropónicos. Fue difícil estar cuatro meses haciendo lo mismo todos los días durante 8 horas diarias».

¿Siempre hacía lo mismo?

«No, también tenía otro tipo de labores como polinizar las plantas: debía ir por todas las líneas, que eran como 200, con una pistola de aire. Caminaba constantemente, sin parar, durante una hora y media, bajo el calor. Es un trabajo súper individual, no podía hablar con nadie, eran las ocho horas contigo misma. Yo digo que los podcasts me salvaron la vida».

La mirada externa

Astrid Espinoza, education counsellor de Sol Edu y Migration (@astridsoledu, https://acortar.link/R5TOOJ), explica que la gran mayoría de los chilenos van a trabajar a Australia con un nivel de inglés funcional, requisito para la visa WH. «Somos capaces de entender, no así de expresarnos. Por eso en su gran mayoría los primeros trabajos son físicos: de limpieza, lavando platos, repartiendo flyers, trabajos en el campo».

¿Cuáles trabajos son los más pesados en una WH?

«Cualquiera al aire libre, sobre todo por el factor clima. Quienes pintan casas, trabajan en carpintería o en los campos deben considerar que, por ejemplo, en Brisbane durante el verano la sensación térmica supera los 35 grados por el nivel de humedad. Más allá del pago por hora que reciban, deben considerar cuántas horas estarán expuestos al sol; su tipo de piel y condición física también son importantes».

Depende del nivel de inglés lo físicos o no que sean los trabajos.

«Totalmente. Aunque ojo: la gran mayoría de chilenos va con expectativas de probar cosas nuevas, sin estrés, para dejar el escritorio en Chile. Se aventuran a trabajar en restaurantes, en limpieza u otros que incluso a veces son mejor pagados que en una oficina. Pero es el nivel de inglés lo más importante para optar a mejores opciones».

«La gran mayoría los primeros trabajos son físicos: lavando platos, repartiendo flyers, en el campo»Astrid Espinoza

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