La justicia española le quiere caer encima a 007 por fraude inmobiliario
El actor, que ya ha sido investigado por usura, está acusado de participar en una turbia transacción bautizada como Operación Goldfinger.
Fue a fines de marzo de 2008, justo cuando Daniel Craig aterrizó en Chile para filmar, en el norte del país, algunas escenas de la última película de James Bond, «Quantum of Solace». En el otro lado del mundo, Sean Connery, el primer agente 007 del cine, confesaba en una entrevista publicada por el «Daily Mail» que le encantaría volver alguna vez a la saga en el papel de villano. El actor no tenía muchas esperanzas de cumplir su deseo: «No creo que paguen lo suficiente. El dinero lo reservan para el protagonista, aunque ese no era el caso en mi época».
Cualquiera que haya leído esas declaraciones y haya estado bien enterado de la biografía del intérprete escocés debe haber pensado, con razón, que a Connery le sobra pasta para encarnar a un antagonista de Bond. No tendrá ojos de loco ni otros rasgos de desquiciamiento frecuentes en los malos de esa serie de filmes, pero sabe con certeza dónde queda y cómo es el lado oscuro.
Parte de las experiencias que dejan mal parado a Sean Connery se relacionan con dinero. Otra parte, en tanto, tiene que ver con su vida sentimental. Si se trata de platas, hay que decir primero que el actor nació y se crió dentro de una familia pobrísima de Edimburgo, Escocia, y que ya en el colegio pensaba que la educación era inútil y que era mejor aventurarse en la búsqueda de fortuna que ir a sentarse a una sala de clases.
El joven Thomas Sean se ganó la vida de distintas maneras antes de ser actor (ver recuadro) y a medida que fue acumulando plata se volvió tacaño: una vez se negó a dar un autógrafo -gesto inesperado en un Sir, como él- porque temía que quien se lo pidió lo vendiera y sacara cierta utilidad a costa suya.
Pero eso no es nada en comparación con los escándalos financieros en que ha estado involucrado. El último estalló la semana pasada y es tan espectacular, que da para una película. Se ambienta, por lo demás, en la exclusiva localidad de Marbella, España, donde el actor residió entre mediados de los 70 y 1998. La prensa española asegura que Connery ya fue acusado y que deberá declarar a fin de mes, por un truchísimo negocio inmobiliario que lo involucra a él, a su esposa, la pintora francesa Micheline Roquebrune, y a una serie de ciudadanos menos célebres entre los que se cuentan abogados, autoridades municipales y empresarios.
Al centro del enjuague -que ha sido rotulado como «Operación Goldfinger», en referencia a una de las películas Bond de Connery- está una mansión que el casi octogenario escocés (de 79 años) poseía en Marbella y que a comienzos de 2000, cuando él ya la había vendido, fue objeto de un convenio para levantar un resort entre una sociedad inmobiliaria a la que pertenecía Sir Sean y la alcaldía. Según la investigación, el convenio fue ilegal y significó además que la municipalidad perdiera plata, mientras la contraparte, el ex 007 incluido, ganó a manos llenas.
El actor ha guardado silencio hasta ahora. Lo que hizo fue enviar a su mujer, Micheline, a declarar al diario «The Times» que «no tenemos nada que ver en esto. Nosotros vendimos esa propiedad y punto».
Esposa de Connery desde 1975, la pequeñísima Micheline se las trae tanto como su marido. Fue ella, se cuenta, quien decidió que era mejor vivir en Bahamas, donde reside la pareja desde fines de 1998, para que el padre de Indiana Jones pueda hacerles el quite a los impuestos (avaricia por la cual es definido como un exiliado tributario). Claro que, al parecer, su mujer también eligió ese destino para alejarlo de una diseñadora danesa con la que le era infiel en ese tiempo.
Donjuán impenitente, Sir Sean se acostumbró al acoso de las mujeres, y a responderles favorablemente, desde que las fanáticas, en los años 60, entraban a la mala a su casa para apretujarlo o, si no estaba él presente, llevarse alguna de sus pertenencias como recuerdo. Quien sufría el delirio de la audiencia femenina de entonces era Diane Cilento, su primera esposa y madre de su único hijo, Jason, que ahora tiene 47 años.
Nacida en Australia y también actriz, Diane Cilento guarda pésimos recuerdos de su matrimonio con Connery y los reveló sin pudor ni censura en un libro que publicó en 2007 y que tituló»Mis nueve vidas». El mayor impacto del texto provino de las acusaciones de violencia intrafamiliar que hizo contra su ex, quien quedó como un hombre abusivo con el sexo opuesto y golpeador (ver recuadro).
El mismo alimentó esa fama antes y después de esa relación, al revelar, en diferentes entrevistas, reflexiones como la que sigue: «Una cachetada se justifica si todas las otras alternativas fracasan y ha habido suficientes advertencias. Si una mujer es una perra o histérica o terca, entonces yo lo haría (le pegaría)».
Dian y Sir Sean se divorciaron en 1972, año en el que también se registró la primera movida económica turbia del actor. Difundido en 2009, ese caso ocurrió en la riviera francesa e involucró a Connery y a un amigo suyo de nacionalidad suiza, Jean René, al que le prestó varios millones de dólares para un negocio. Además de cobrarle un desbocado interés de 1.000 por ciento por el crédito (eso se llama usura), le pidió en garantía joyas, propiedades y acciones que luego vendió.
Por cierto se quedó con la plata, según acusa el heredero del malogrado y ya fallecido suizo. Sir Sean también fue citado a declarar por esa investigación, pero del caso nunca más se supo.
-«Si una mujer es una perra o histérica o terca, entonces yo le pegaría»
-El arranque violento de Sir Sean
La culpa la tiene el LSD
Diane Cilento cuenta en «Mis nueve vidas» que Sean Connery se volvió violento luego de empezar una terapia con un siquiatra que le administró LSD para que desbloqueara sus emociones. Al actor se le asomó el indio y una noche de fiesta, después de beber varias copas, se puso celoso por el éxito de su esposa con los hombres y se fue a acostar. Cuando ella entró a la pieza, la derribaron dos golpes entre los cuales casi no hubo pausa. Diane recuerda que durmió en el baño. Sir Sean lo niega todo.
-Cuando James Bond lo mostraba todo
Sean Connery no sólo se ganó la vida como lechero en su juventud. Tras un breve paso por la marina, de la que salió por una úlcera al duodeno, el actor fue modelo para estudiantes de arte (posaba desnudo, al estilo de esta foto, pero lo dejó porque se cansaba rápidamente) y también concursó en Mr. Universo.
«No gané», recuerda. «Había candidatos con una cantidad increíble de músculos. No tenía opción», recuerda Connery, quien luego de esas incursiones decidió ser actor: se presentó a una audición para una obra de teatro, quedó y entonces empezó la segunda historia de su vida.


