Los famosos no nos perdonan una

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En Identity los N.N. terminaron cediéndole todo el terreno a las semicelebridades.

Rompecabezas humano. Tal como en los otros países en que se ha hecho «Identity», en la versión local (Mega, lunes a las 22.20 horas, repetición el sábado a las 20 horas) hay doce actividades u hobbies secretos que caracterizan a igual número de personas. El concursante (que dispone de tres comodines además de la ayuda que le puedan proveer cercanos a él) puede embolsarse 50 millones de pesos. ¿Estaré muy viejo o alguien más vio el «¿Quién soy yo?» del recordado Enrique Bravo Menadier?

Háblame de expertos. Hay un panel de «expertos» asistiendo al participante, pero a decir verdad ayudan lo mínimo. Hay un sicólogo perito en Recursos Humanos, Pamela Díaz (todos sabemos que ella sólo es experta en su limitadísima autenticidad) y una head hunter de muy buenas piernas, digo, fundamentos a la hora de argumentar.

Una cosa por otra. Conduce Vivi Kreutzberger, más delgada que nunca (aunque eso no la ha eximido de las sangrientas parodias de Pablo Zamora en «Morandé con Compañía»). A ratos despercude al público, pero se ha aseñorado hasta niveles absurdos.

Famositis. Luego de un arranque con puros N.N., de a poco se fueron incorporando cada vez más famosillos. Hotuiti, Adriana Aguayo, Romina Zalazar, Fernanda Braz, Carolina Soto, Gonzalo Cáceres, Arturo Ruiz Tagle y hasta tres perros. Este lunes fue el colmo: ¡hasta los concursantes eran famosos (Luis Jara y José Miguel Viñuela)!

Lado B. Nos hemos llevados sorpresas con los conocidos. Hemos sabido, por ejemplo, que Andrés Mendoza era digitador de tarjetas de credito y que Catalina Telias subtitulaba películas.

El ojito. Lo que no ha explotado el programa son las historias de vida de los concursantes. Uno contó del cáncer mamario de su madre, otra andaba con el vestido de novia en la cartera y otra se enamoró de un seminarista, al que arrancó de los brazos del Altísimo.

Botado. En un principio puede que cueste entender la dinámica del programa. Puede ir un hojalatero y dar una pista tan absurda como «me gustan los callos a la madrileña» (no ha pasado aún). Pero una vez que uno le toma el pulso al asunto se llega a encontrar sencillísimo el concursito. Lógica pura. «No te quiebres conmigo» es la pista de un bailarín de breakdance. Desde mi casa llevo ganados unos 200 palitos.

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