Para uno que es de los tiempos en que a Hernán Silva le enrostraban el uso de peluquín, en los ochenta, el cambio no es tan grande como parece.
‘Hoy todos los árbitros son fisicoculturistas, se pintan, tienen una facha'. Daniel Garnero, entrenador de la UC, insinuó así su crítica a los saqueros de turno por el empate de su equipo en Concepción. Traducción futbolera: mucha apariencia, poca cancha.
El énfasis con que Garnero dijo ‘se pintan', abriendo las manos como si fuera a echarse encima una capa de autobronceante, revela al menos cierto asombro, admiración o incluso envidia por las posibilidades cosméticas de los colegiados.
No es nuevo el tema, en todo caso. En Chile, como en todas partes, los árbitros siempre se han preocupado de la pinta.
La justicia debe proyectar cierta imagen. Los primeros árbitros con parche de la Federación de Fútbol de Chile, a comienzos del siglo veinte, vestían de blanco. En 1923, el primer árbitro que aparece en la revista Los Sports es Alberto Parodi, bombero, boy scout, ejecutivo de la banca y conocido sportsman de su época.
Paréntesis reglamentario. El árbitro Alberto Parodi fue el primer presidente de Colo Colo. El árbitro Carlos Fanta fue el primer presidente del club que dio origen a la U. El apunte no explica nada, pero a más de alguien le servirá al menos para hacer un chiste.
En esa época el árbitro era un hombre ya entrado en años y con evidente sobrepeso que apenas se movía en la mitad de la cancha para cobrar. No lo necesitaban: los jugadores no simulaban faltas entonces.
Igual había comentaristas amargos. Revista Don Severo, 27 de abril de 1933: ‘Los árbitros de la serie de honor forman una colección de gorduras que envidiarían los luchadores del Reina Victoria. En todo caso, eso constituye una ventaja porque, por lo menos, hay esperanzas de que esos pitos se hagan respetar por volumen'. El Reina Victoria era un teatro, frente a la sede de la Universidad Católica, donde se hacían veladas de boxeo y cachacascán a comienzos del siglo veinte.
Recién en los años cuarenta apareció tímidamente el pantalón corto que dejó ver las piernas como pantrucas, pero hasta 1950 los árbitros chilenos todavía parecían panaderos o jugadores de golf, dependiendo del estilo y la percha de cada uno.
El negro entró en escena después del Mundial de 1950, cuando la Asociación Central de Fútbol contrató árbitros británicos ante una crisis de pitos en el campeonato nacional. Así llegaron los ingleses Charles Mackenna y Walter Manning, el escocés Williams Crawford y el galés David John Henry. Ellos fueron los primeros hombres de negro en el fútbol chileno.
Eduardo Galeano escribió que en esos días el árbitro vestía de luto, por él mismo: ‘Su trabajo consiste en hacerse odiar'. Juan Villoro le redondeó la idea: ‘El árbitro se cree la muerte'. Desde el Mundial de 1994 ya no es así: la justicia en la cancha empezó a vestirse de colores.
Con los colores entró la moda y el siguiente paso era inevitable, hacia la barbería y el maquillaje. Para uno que es de los tiempos en que a Hernán Silva le enrostraban el uso de peluquín, en los ochenta, el cambio no es tan grande como parece.


