Especialistas coinciden que las zonas más afectadas son las tempraneras de la Sexta Región
En casos acotados la caída respecto al potencial de cosecha llega hasta 80%. Para las zonas tempranas se proyecta una baja promedio de 30%.
A diferencia de 2024/25, en que todos los astros se alinearon para tener una temporada extraordinaria en cerezos y otros carozos como duraznos, nectarines, ciruelas y damascos, la temporada en curso cuenta otra historia. La aparición de tres tipos de eventos climáticos, heladas polares, menos horas frío y lluvias, han afectado a los cultivos en momentos fenológicos críticos.
El área afectada, indican académicos y asesores, va entre las regiones de Valparaíso y Maule, pero sobretodo la de O'Higgins, corazón de la producción de cerezas.
‘La principal complicación hasta ahora han sido las heladas. Hubo al menos tres importantes que afectaron mayormente la zona central y, en lo que a mí me ha tocado ver, el impacto va entre las regiones de Valparaíso y O'Higgins, principalmente en las zonas más tempraneras', explica Marlene Araya, PhD en horticultura de la U. de Michigan y académica de la Facultad de Agronomía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC).
Desde el rubro de las cerezas, Raimundo Cuevas, agrónomo y gerente técnico de Abud y Cia, coincide. ‘Las zonas afectadas, si hubiera que poner un límite, van entre Pelequén hasta el sur de la Metropolitana y por otro lado, la sexta región, que ha sido la más complicada', señala.
‘Como es una zona más adelantaba, las heladas afectaron en un momento en que los árboles estaban en una fase fenológica muy sensible, sobre todo en la variedad Santina, en la que hemos visto casos extremos con pérdidas que llegan hasta el 80% respecto al potencial productivo. A nivel de industria en la fruta temprana podría haber una baja, en un análisis preliminar, de hasta 30% en las zonas tempranas de la VI región, aunque falta que se defina bien la cuaja para ver toda la fruta', indica.
El daño provocado se debió a que las heladas fueron a fines de agosto, relata Cuevas. ‘Coincidió justo con una temporada que venía más adelantada y que la Santina estaba en un estado muy sensible que es punta verde. Los árboles luego florecieron y prácticamente no tenían flores o las flores estaban todas dañadas', agrega.
Según explica Marlene Ayala, la helada hace que se muera el pistilo, la parte femenina de la flor. ‘Entonces, aunque haya abejas, aunque veas actividad, ya no habrá fruto en esa flor', señala.
‘Se debe monitorear, ir al campo y mirar dentro de la flor que el pistilo esté vivo y que no haya primordios florales -las miniflores- muertos. Se toma una yema y si está cerrada, se abre con un cortaplumas de modo transversal y se ven los primordios florales adentro. Si hay unos puntitos color marrón en lugar de verde o verde amarillento, esa flor está quemada', explica.
Con ese indicio, la especialista recomienda hacer un análisis de yemas. ‘El agrónomo hace un conteo, saca 100 yemas y ve cuántas están quemadas y saca un porcentaje de daño. Esto se hace para cerezos, nectarines y ciruelos', acota.
Mal frío
Otro evento que ha complicado la temporada en curso es la mala calidad de las horas frío. ‘Más que falta, hubo mala calidad de frío. Mayo, que marca la entrada en receso, fue muy malo, lo que se reflejó en floraciones muy largas y muy disparejas y erráticas, desordenadas, lo que no impacta tanto en la producción, pero sí en las diferencias de calidad', explica Cuevas
‘Probablemente vamos a tener madureces muy poco uniformes en un mismo árbol, lo que hará que la cosecha también lo sea. Podríamos tener que hacer dos pasadas por árbol y meter fruta a la caja que no esté en la condición indicada, todo lo que se traduce en mayores costos', agrega.
Agua en primavera
El tercer factor han sido las lluvias de primavera. ‘Ha pasado otros años, en 2020, por ejemplo, en que hubo mala calidad de frío en mayo, no hubo heladas y hubo una muy buena primavera. En cambio este año tuvimos mal frío, tuvimos heladas y estamos en una primavera con muchos eventos de lluvia y con días nublados o fríos que han afectado el vuelo de abejas o el desarrollo del ovario o del tubo polínico para la fecundación', cuenta Cuevas.
‘Entonces lo que vemos es que variedades como Lapins, que son de alta productividad, este año están con cuajas pobres. Preliminarmente, calculo que esta variedad debe estar caída entre 20% y 30% en cuaja', agrega. ‘Ahora, de Pelequén al sur los eventos de heladas fueron mucho más suaves y hay zonas menos dañadas, por lo que la caída en fruta será menor, aunque la cuaja de la Lapins también se vio afectada por la primavera'.
Ayala explica que el problema de la lluvia es que lava el polen. ‘Lo moja y lo hace pesado, lo que impide que la abeja lo toque con sus patitas, pero también el agua lava la secreción del pistilo, lo que hace que el polen no caiga en un lugar bueno para que se produzca la fecundación. Todo esto complica la polinización', indica.
La profesional señala que los eventos climáticos, además de las cerezas, han afectado a otros carozos como los nectarines y los ciruelos más tempraneros.
No todo, sin embargo, es malo. ‘Desde el punto de vista positivo, debido a la reducción de las cargas, estamos viendo que los huertos están con un potencial de calibre mayor que otros años, por lo tanto debiéramos esperar tener fruta de mejor calidad, lo que podría compensar en precios la caída en volumen, pero habrá que ver cómo está el mercado', indica Cuevas.
Juan Pablo Subercaseaux, académico de Agronomía UC y productor de cerezas, aporta otro punto positivo: ‘Está caída en la producción hará que probablemente no tengamos problemas de mano de obra'.
‘Las heladas afectaron en un momento en que los árboles estaban en una fase fenológica muy sensible'. Raimundo Cuevas


