Doctora en sicología Roser Granero dice que opera con un mecanismo similar a las adicciones de sustancias
Describe cómo identificar una conducta adictiva y por qué el entorno digital refuerza el impulso de apostar.
«Muchas personas comienzan apostando por diversión, por curiosidad o simplemente para probar suerte», dice Roser Granero, doctora en Sicología, desde su despacho en la Facultad de Sicología de la Universitat Autònoma de Barcelona. «En el caso concreto de las apuestas deportivas, muchos jugadores las perciben como una extensión natural del propio deporte, una manera más de participar o de demostrar sus conocimientos. Pero poco a poco el juego puede ir ganando espacio en la vida cotidiana».
En Chile, un fallo de la Corte Suprema ordenó cerrar los sitios de apuestas online, algo que aún no se concreta porque no se ha dictado el cúmplase de la sentencia, un último paso administrativo. La medida podría dejar huérfanos a los aficionados de las apuestas, algunos de los cuales caen en la categoría de adictos.
La doctora Roser Granero observa este fenómeno desde la neurociencia del comportamiento: ha publicado más de 125 artículos sobre trastorno del juego en revistas científicas internacionales, trabaja desde 2001 en el Departamento de Psicobiología y Metodología de la UAB y lidera el grupo de Psiconeurobiología de Conductas Alimentarias y Adictivas del Hospital Universitario de Bellvitge.
«No se juega solo por dinero o por la emoción del riesgo», dice. «Durante un rato, el juego permite desconectar del malestar. El problema es que ese alivio es momentáneo: una vez termina la sesión, vuelven las emociones negativas, a menudo acompañadas de culpa y vergüenza, lo que puede reactivar el ciclo de juego».
¿Qué encuentra una persona en las apuestas online que le resulta tan difícil de abandonar?
«Los juegos de apuesta combinan muchos ingredientes que enganchan. Está la emoción del resultado inmediato: en segundos puedes ganar o perder, y ese vaivén activa los sistemas de recompensa del cerebro. En el caso de las plataformas online, la accesibilidad es total. Se puede apostar a cualquier hora, desde cualquier lugar, y con la garantía del anonimato. Esa combinación favorece que el juego se convierta en una conducta repetitiva y difícil de controlar».
¿Qué otros aspectos hacen más difícil detenerse?
«Las plataformas están diseñadas para atrapar. Los colores, los sonidos y los mensajes de refuerzo mantienen la atención del jugador y fomentan que siga apostando. La inmediatez también juega un papel clave: basta con un clic para volver a intentarlo. El anonimato facilita ocultar la conducta. Y los sesgos cognitivos -la ilusión de control o la falacia del jugador- distorsionan la percepción de la realidad. Se cree que se puede aprender a ganar o que, tras muchas pérdidas, la siguiente apuesta saldrá bien. Ese tipo de pensamiento irracional sostiene el problema».
¿Por qué resulta tan difícil dejarlo?
«Porque la adicción al juego se sustenta en los mismos mecanismos neurológicos y sicológicos que las adicciones a sustancias como el alcohol o las drogas. El cerebro se acostumbra a esa mezcla de emoción, alivio y esperanza que produce el juego. Cuando se pierde, surge la necesidad de recuperar lo perdido; cuando se gana, aparece el deseo de repetir la sensación. Con el tiempo, esa dinámica se consolida y resulta muy difícil detenerla».
¿Y cómo puede alguien saber que ya cayó en una conducta adictiva?
«Hay señales claras. Cuando el juego ocupa una parte importante del día, cuando se apuesta más de lo previsto o con dinero destinado a gastos básicos, cuando se miente sobre el tiempo o el dinero dedicado a jugar, o cuando aparece ansiedad o irritabilidad al intentar dejarlo. Si eso ocurre, es importante pedir ayuda. Existen tratamientos eficaces y recursos especializados».


