En la versión de Mega el rol está a cargo de Luz Valdivieso
En 2008 fue ella la intérprete de la oscura ama de llaves. Después de esta teleserie me pregunté si quería seguir siendo actriz, advierte.
La actriz tenía en ese entonces 27 años y venía saliendo de un papel nada que ver. En «Corazón de María», una teleserie romanticona de horario de almuerzo, Bárbara interpretaba a Irina Romanova, una dulce y adorable rusa avecindada en Chile. «Esa fue mi primera teleserie con Irina que era pura comedia. Habíamos terminado de grabar y yo seguía full gozando al personaje cuando un día me avisan que me querían para un personaje en otra teleserie que se empezaba a grabar en una semana. Yo dije ya, ok».
Ruiz-Tagle no sabía en que se estaba metiendo, pero su entusiasmo y el amor a su carrera pudo más: «Leo los primeros capítulos y dije chupalla desde qué lugar se construye una mujer así. Qué difícil porque Leontina es la sombra de José Luis, que es la maldad en persona, por ende mi personaje tiene que ser testigo y avalar todo lo que él es».
¿Cómo lo logró, Bárbara?
«Lo que fue súper importante fue entender que ella tenía un motor para ser tan malvada y que, justamente, era mi luz y es que ella hacía todo por amor. Por ende hay mucho amor en ella. Ella quiere que José Luis la mire, sentirse amada por él. Eso fue un motor súper bonito y mi otro motor fueron Julio Milostich y Álvaro Espinoza (Buenaventura) que eran compañeros con mucho oficio y yo recién venía empezando así que me apoyé en ellos, porque todo estábamos afectados con la carga de nuestros personajes».
¿De qué forma le afectó?
«Esa oscuridad y esa luz tan latente con la que teníamos que lidiar fue muy fuerte. La filmación de La Querencia fue corta y muy intensa. Eran muchas horas al día en persona, de lunes a sábado con horarios de 7 de la mañana a las 20.00 horas entonces llegabas a tu casa a estudiar el libreto y no te alcanzabas a sacar el personaje. Quizás por la falta de oficio, al ser tan joven, no fue como llego a la casa, cuelgo el delantal y sigo con mi vida. Después de esta teleserie me pregunté si quería seguir siendo actriz porque fue muy fuerte; me costó mucho sacarme la carga».
¿Pudo hacerlo?
«Cuando se acabó, ese momento fue un absoluto reencontrarme, porque Leontina era muy engominada, trajes muy estrechos, no se le movía ni un músculo, la cara tensa, cómo fijaba la vista, como un halcón. Y de a poco me volví a soltar y a ser quien era y quien soy. Recuerdo que se me había olvidado cómo me reía, cómo carreteaba».
Y por ejemplo en la calle, ¿le decían cosas?
«En ese tiempo no habían redes sociales así que las opinión y el rating se vivía en la calle; era bonito eso igual, pero claro la gente me gritaba cosas en la calle, me odiaban. Y también fue de comprender que al elegir ser actriz entras a la casa, al comedor de una familia que vibra amando u odiando lo que está sucediendo en pantalla».
Y eso que esos tiempos eran otros.
«Claro, cuando se plantea La Querencia original había muchas situaciones que mirábamos desde un lugar muy cómodo, como ya, es ficción y está. Hoy no se puede estar cómoda frente a lo que estás viendo. Es muy violento verlo hoy. En el caso de Leontina: su nula sororidad, ser cómplice de esos maltratos, no había pudor, ni un código».
¿Volvería a encarnar a Leontina?
«Yo creo que uno siempre que termina un personaje, uno dice que si tuviera la oportunidad de volver a hacerlo le haría ciertas cosas. Creo que humanizaría más a la Leontina, quizás con un poco más de remordimiento. No me calza hoy día un personaje tan extremo y no por hacerlo para afuera, sino como seres humanos».
Bárbara termina esta entrevista con un compromiso: verá la nueva versión que está al aire en Mega, pero comenta que ya le había «mandado amor» a Luz Valdivieso, la Leontina de 2024.


