Es un cliente habitual, dicen dueños del local de antigüedades Rey del Rastro
El capitán de la Roja llegó a la tienda con sus hijos y con su esposa, Carla Pardo.
El capitán de la Roja ha hecho varias compras en este emprendimiento que comenzó en pandemia y ha crecido hasta tener una bodega de más de quinientos metros cuadrados de muebles y artículos de decoración antiguos.
«En la primera visita que realizó a la bodega, acompañado por sus hijos, un domingo, se llevó un juego de té de plaqué, que es bronce bañado en plata. Era un juego de cinco piezas, con bandeja, teteras, cremero y azucarero. Luego se interesó en un juego de terraza, que concretamos por internet, de una mesa y cuatro sillas de aluminio fundido, impecable. Estos dos artículos nos lo vendió una clienta de San Joaquín, cuya mamá había fallecido. Los tenía en una bodega. Su mamita cuidaba mucho estas cosas y tenía cajas llenas de objetos de bronce y de plaqué, que se vendieron muy rápido», cuenta Israel Caballero.
La segunda visita de Bravo fue con su esposa, Carla Pardo. Ella eligió un boulle francés, especie de cómoda convencional pero más larga y angosta, que los dueños del Rey del Rastro le compraron a un anticuario portugués en una bodega de Quillota.
«Más que nada le gustó a Carla, para tenerlo en el recibidor de su casa, aunque no tiene cubierta de mármol. Es de madera, tiene tres compartimientos en el interior, es muy bonito, exclusivo y elegante, con marquetería y aplicaciones de bronce, pintado o lacado negro y con trabajos a mano como incrustados en el mueble», detalla Israel.
«Claudio es de palabra. Su palabra es un documento», agrega. «Noble, un caballero, simpatiquísimo, sencillo. Me saco el sombrero ante Claudito. Vino Borghi también», recuerda Carlos.
«La hija de Borghi nos sigue hace tiempo, es clienta y Claudio llegó de sorpresa. Nos compró unas damajuanas, unos chuicos, y, en medio de unos libros, encontró una foto de cuando se fundó Colo Colo. Se la dimos de regalo», añade Israel.


