Abundan descuentos de unidades ubicadas en el segundo nivel o sobre el vigésimo
Especialista dice que los compradores eligen primero las plantas intermedias: Ofrecen una percepción de mayor equilibrio entre buena vista, temperatura y privacidad.
En eventos como el Cyber, las inmobiliarias venden su stock de propiedades disponibles a precios más económicos porque necesitan cerrar de una buena vez la administración de un condominio. Los valores son atractivos, pero hay que afinar bien la búsqueda porque varios de los departamentos con descuento están en los llamados pisos difíciles, que son aquellos que tardan más en venderse porque muy pocos compradores los quieren. Y razones existen.
Al observar las oportunidades de compra en las plataformas inmobiliarias que participan del evento, se advierte que varios coinciden en sus ubicaciones: están entre el primer y el segundo piso y en edificios de gran altura, sobre el piso vigésimo. Solo unos cuantos están en ubicaciones apetecidas como el sexto u octavo piso, pero cuya orientación no es del todo favorable. Les llega mucha o muy poca luz solar.
«Efectivamente se hacen ofertas de unidades rezagadas de un proyecto. El comprador promedio tiende a priorizar los pisos intermedios pues, al parecer, ofrecen una percepción de mayor equilibrio entre buena vista, temperatura y privacidad. En mi opinión esto se trata más de una preferencia cultural que de un problema real de calidad», destaca Sergio Barros, director ejecutivo de Enlace Inmobiliario.
¿Por qué las unidades del segundo piso quedan para el final? Contesta Reinaldo Gleisner, vicepresidente de la empresa Colliers: «La principal objeción a los pisos bajos es la seguridad, que es la principal preocupación ciudadana hoy. Es más fácil trepar hasta un piso 2. Esto conlleva que quienes viven en ese piso no tienen más opción que enrejarse para evitar robos».
La situación, dice, afecta no solo a quienes compran para vivir, sino también a quienes lo adquieren para renta porque los segundos pisos tienden a tardar más en arrendarse por la misma razón.
Coincide el analista inmobiliario Cristián Martínez, CEO de la compañía de inversiones Crece Inmobiliario: «Las unidades del primer, segundo y tercer piso tienen ciertas características, muchas personas creen que pueden ser vulnerados por un robo o cualquier otra cosa que pase en el edificio. Y están más expuestos al polvo y a la humedad».
Barros acota que estas unidades se venden más lentamente también por el factor ruido (hay tránsito de personas por la calle, automóviles en los accesos al estacionamiento, música en los salones de eventos, etcétera). La cercanía con las áreas comunes, además, es percibida como una ubicación con menos privacidad.
En el caso de los pisos más altos, su reputación negativa viene de las probables filtraciones de agua.
«El sesgo habitual es pensar que se pueden llover o puede haber otro inconveniente derivado de la techumbre o la existencia de piscina y terrazas en la azotea», destaca Gleisner.
También se les considera incómodos para vivir, dice Martínez: «Uno de los factores importantes que se ve es que la presión del agua tiende a ser un poquito más baja en los últimos pisos. Y está el tema de las esperas del ascensor, que es súper importante. Cuando tienes que ir a los niveles superiores, las esperas se hacen más largas».
«Hay personas que simplemente no se sienten cómodas en unidades en altura», detalla Barros, «les da vértigo o piensan en lo complicado que sería bajar tantos pisos en caso de emergencia. Es más una sensación emocional que un problema real, pero pesa mucho al decidir la compra».
El lado bueno
Aunque este tipo de departamentos pueden tener varios contras, los analistas destacan que de todos modos se les puede encontrar ventajas.
«Hay que mirar la orientación, la vista, la ventilación y el nivel de ruido del entorno. A veces una unidad en un segundo piso con buen diseño puede ser una excelente oportunidad si se ajusta al estilo de vida del comprador. Por ejemplo, si una persona valora un rápido acceso a las áreas comunes o prefiere evitar el uso de ascensores, los pisos en menor altura pueden representar una ventaja. El valor atractivo debe equilibrarse con el uso», detalla Barros.
Un primer piso con terraza -acota- puede ser un espacio atractivo para las familias con niños o mascotas.
Gleisner añade que si se compra una vivienda barata o se puede negociar un buen monto, puede ser una alternativa interesante para quienes compran como inversión.
«El arrendatario esencialmente busca un mejor precio. Comprar barato, aunque sea de la altura u orientación de las más castigadas, puede generar una mayor rentabilidad en los arriendos», plantea.
Comprar una buena ubicación a una altura baja, destaca Santiago Truffa, académico del Centro de Estudios Inmobiliarios de la Escuela de Negocios ESE de la Universidad de los Andes, en términos de canon de arriendo será similar a lo que se puede obtener en un piso más alto.
«Si obtienes un arriendo similar con una inversión menor, puede ser un poco más rentable», sostiene.


