Cuéntenla como quieran: Asskha fue bajada del escenario.
Iban 45 minutos del show de Asskha Sumathra cuando entraron los animadores, le dieron con premura las gaviotas que merecía y, en lugar de permitirle el bis triunfal, la invitaron elegantemente a desalojar el escenario.
Su presentación me recordó a la de Zalo Reyes en 1983. Gran improvisador, en todo momento incrédulo y extasiado por estar actuando en la Quinta Vergara y enamorando a todos con su carisma. Zalo era el pueblo encaramado en el protagonismo de nuestra máxima fiesta. Asskha era la disidencia sexual en la misma.
También vinieron a mi mente las interrumpidas performances de Hermógenes Conache, un año después del gorrión de Conchalí, y de Coco Legrand, en 1980.
Karen y Rafa debieron vociferar al unísono «¡Y hay censura de oro para Asskha Sumathra!».
¿Por qué no la dejaron cerrar su victoriosa faena dándole unos minutos más si ya había dicho de todo y destrozado varios paradigmas a su paso?
¿Para esto Mega dedicó meses a hacer «Coliseo», que determinó que una transformista fuera parte de la parrilla de comediantes? ¿Para dejarle este sabor amargo en su momento de gloria? ¿Para engrosar gratuitamente la galería de papelones de la historia del Festival?
Fue un disparo en los pies, una mancha más grosera y obscena que cualquiera de las intervenciones de Asskha.
La Quinta no dejó de pifiar durante la competencia internacional. Karen y esta vez Fernando Godoy hacían como que todo estaba normal, lo que acrecentaba el error. Si hubiera estado Vodanovic al mando este traspié se habría enmendado. «Hagamos un trato» y punto. El caballero se habría hecho cargo de lo que estaba pasando. Pero no está y lo que quedó fue un desastre.


