Estarán en órbita el próximo año
En el Centro Espacial Nacional, ingenieros y técnicos montan piezas con extremo cuidado. En Estados Unidos se arma otro.
El FASat Charlie está viejito. Airbus, la empresa aeronáutica europea, premió en abril último a la Fuerza Aérea, porque este satélite chileno cumplió 14 años en el espacio y sigue funcionando. «Ha sido casi un récord mundial de operación para un satélite que estaba diseñado para cinco años», cuenta el coronel Miguel Barría, director del Centro Espacial Nacional (CEN). El aparato no sólo estaba bien diseñado. «También es mérito de los operadores, que fueron muy eficientes y lograron que el combustible que tenía el satélite para corregir la órbita durara hasta el 2026», explica. El 16 de diciembre cumplirá 15 años en el espacio, pero la cuerda se le está acabando. Eso no es problema.
El CEN ya está armando los reemplazantes: el SNSAT-1 y el SNSAT-2, dos satélites-cubo de 12 cuerpos y 23 kilos cada uno. «Son satélites con capacidades ópticas, que principalmente son parte de un aprendizaje que estamos haciendo ahora, al ser los primeros dos desarrollados acá en el Centro Espacial Nacional», cuenta.
Chile se lanzó con todo a la conquista del espacio. No sólo está fabricando estos dos satélites. También encargó a una empresa extranjera el ECHO-1, que pesa 200 kilos y que tiene el tamaño de una lavadora industrial. «Hace aproximadamente tres semanas llegaron los ingenieros nuestros que andaban chequeando el armado del satélite», cuenta.
Los tres aparatos debieran estar en órbita en marzo o abril del próximo año. Ya hay al menos tres compañías que podrían llevar al espacio a estas maravillas con bandera chilena.
Chile comienza a construir su soberanía satelital. Ya no dependerá de otras agencias espaciales para captar imágenes que, por ejemplo, sirvan para analizar el trayecto de los aluviones y sus consecuencias. «Tenemos muchos contratos con aproximadamente 120 satélites que están en órbita. También hacemos tasking, es decir enviamos órdenes para que tomen una imagen: cuando pase por Santiago, quiero una foto de un polígono determinado, por ejemplo. El satélite pasa y va descargando en Tierra las imágenes. A veces, por motivos de cualquier índole, no nos dan prioridad y no podemos obtener la imagen cuando queremos. En cambio, con nuestros satélites, vamos a tener prioridad cuando descarguemos las imágenes», explica.
Sala limpia
El Laboratorio de Desarrollo de Tecnología Espacial del CEN, donde actualmente ingenieros y técnicos están «integrando» o ensamblando los componentes del SNSAT-1, es una sala limpia con un medidor de contaminación que verifica que haya en el aire menos de 2.950 partículas de un tamaño de cinco micrones, es decir 0,001 milímetros. Cualquier pelusa puede adherirse, por ejemplo, al Startracker, un dispositivo que utiliza las estrellas para actuar como brújula espacial y que requiere una limpieza extrema para que funcione bien.
Antes de entrar a esta sala, todos quienes trabajan en ella deben pasar por otras dos, para una descontaminación progresiva. En casilleros especiales dejan joyas, relojes y celulares. El maquillaje debe ser atenuado. Luego se ponen delantales y se cubren el pelo, la boca y los zapatos. Dentro de la sala los movimientos deben ser lentos, los brazos hay que mantenerlos cerca del cuerpo y las conversaciones se reducen al mínimo. Las comunicaciones entre el exterior y el interior deben hacerse por radio.
Una vez cerrado el satélite, se somete a una serie de tareas. «Lo que se hace al final es una campaña de testeo, que son pruebas de frío y de vacío, para simular las condiciones ambientales en el espacio, se monta en un shaker, para simular las vibraciones que tenga principalmente el cohete o el lanzador que lo lleve al espacio, y se le hacen pruebas de interferencia electromagnética, para ver cómo se comportan los componentes o las radios principalmente, como la emisión de la antena», explica el capitán Pablo Figueroa, jefe del Departamento de Ingeniería de Calidad.
Constelación
Ya está planificado también el ECHO-2, un satélite también de 200 kilos, que tendrá una gran diferencia con respecto al 1. «Va a ser armado acá, en el Centro Espacial Nacional. Es un desafío no menor», cuenta el coronel Barría.
No sólo aumentará la familia de los ECHO. El 2029 debiera haber siete SNSAT en el espacio. Así se formará una constelación de satélites.


