El peluquero se espantó al marcar 95,5 kilos en la pesa
Dormía con una botella y cuando a las 3 de la mañana iba al baño, me devolvía a la cama y me tomaba un sorbo, admite.
Por casualidad Sebastián Ferrer encontró la pesa de su mujer el pasado sábado. Hace mucho que había descuidado su peso y sintió curiosidad. En un segundo, esa curiosidad se volvió sorpresa y luego alerta. «Estaba pesando 95,5 kilos, nunca había llegado a esa cifra», comenta el famoso peluquero de 58 años. La marca excede con largueza las recomendaciones para su 1,69 metros.
Así que tomó una decisión: controlar los antojos, disminuir las porciones y dejar por completo las gaseosas azucaradas.
¿Cuánta bebida con azúcar tomaba por día?
«Podían ser dos litros y medio. Llevo en este proceso los últimos 30 años. De hecho yo dormía con una botella de bebida al lado y cuando a las 3 de la mañana iba al baño, me devolvía a la cama y me tomaba un trago».
¿Echa de menos un sorbo dulce y burbujeante?
«Yo feliz me tomaría en este momento una gaseosa heladita con gorgoritos y todo, pero mi cabeza es más fuerte que la guata y estoy determinado a no tomar más que agua».
Dejando de lado las gaseosas, cortando las pizzas y rehuyendo el pan blanco, en menos de una semana Ferrer ha bajado ya 2 kilos. Ante estos resultados, sus seguidores de Instagram lo han felicitado en la cuenta @SebastianFerrerChile.
«La gente te sigue viendo igual, pero tú te estás poniendo más viejo. Y al ponerse más viejo y al ponerse más grande, también hay un montón de cosas que van afectando tu salud», comenta. Añade que tras décadas atendiendo clientas, siempre de pie y con los brazos en alto, teme que pronto comience a sufrir fatiga de material en las rodillas, tobillos y hombros.
El asunto, afirma, no tiene que ver con pretensiones, sino de salud porque aunque se percibe como un tipo macizo «no me encuentro que estoy tan gordo, obeso, pero eso ya es obesidad». Sin embargo, hay un factor laboral: «Hablo de estética todo el día, me tengo que ver estéticamente decente».
Ferrer aclara que en esta empresa no ha sido asesorado por un especialista médico o nutricionista. Hace ya años visitó a un experto, pero dejó de lado las recomendaciones, pese a que sus exámenes de colesterol, azúcar en sangre y triglicéridos marcaban índices elevados.
«Me puedo enfermar cada vez más grave sino me cuido. Tengo el montón de grasa alrededor de mi estómago, etcétera y no quiero que me dé un paro cardíaco por pelotudo».
Sus hijos Vicente (33) y Felipe (31), son «súper atléticos» y han colaborado en este nuevo camino: «Se han encargado de hacerme bullying durante todo este rato. Me dicen que antes me parecía a Brad Pitt y después empecé a aparecerme a Brad Pig, jajajá».
Salud pública
«En Chile existe un alto consumo de bebidas azucaradas y, además, tenemos una alta prevalencia de sobrepeso, obesidad y enfermedades metabólicas asociadas. Sí, este es un problema de salud pública», aclara Sebastián Berroeta, nutriólogo y director médico del Centro Médico Nueva Estoril.
El especialista añade que «un consumo elevado y sostenido de azúcares libres, especialmente a través de bebidas, se asocia con aumento de peso, mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y caries. Además, un exceso de fructosa y azúcares simples puede favorecer un aumento de triglicéridos y acumulación de grasa en el hígado».
¿Pero cuántas calorías tienen las gaseosas azucaradas?
«Medio litro de una bebida azucarada puede contener alrededor de 50 gramos de azúcar, aproximadamente 10 cucharaditas, y aportar cerca de 200 calorías. Si esto se repite a diario, son aproximadamente 6.000 calorías adicionales al mes. Las calorías líquidas producen menos saciedad que las que obtenemos de alimentos sólidos. Es decir, podemos tomar 150 o 200 calorías en pocos minutos y después comer casi lo mismo que habríamos comido si no hubiésemos tomado».
Aunque señala que es mejor cambiarlas por una versión sin azúcar, Berroeta comenta que este es sólo un avance a medias pues lo ideal es consumir sólo agua para la hidratación.
¿Y por qué el cerebro pide más bebida cada vez? «El azúcar activa el sistema dopaminérgico en el cerebro. Al liberar dopamina, mediante el mecanismo que activa la recompensa, nos hace buscar más», informa Patricio Orio, doctor en neurociencias e investigador en el Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso.
Añade que «hay una presión evolutiva porque el cerebro identifica cosas con azúcar como fuente de energía, algo que también debe buscar».


