Así no molesto a nadie, dice Carolina Carreño, ingeniera comercial y coach en fitness
Tiene 17 alumnas que van a su casa en distintos horarios. Hace un año partió conlecciones online de entrenamiento funcional a chilenas.
Tras aburrirse de ir a gimnasios en Orlando, Estados Unidos, porque no le hacían sudar ni una gota, la chilena Carolina Carreño (46 años), coach en fitness e instructora de zumba y de spinning, instaló una bicicleta estática en su pieza. Luego, necesitó un poco más de espacio para practicar. Y luego, quiso dar clases online de entrenamiento funcional. Carreño, entonces, se movió al living de la casa.
Su marido, Rolando, le hizo ver un detalle: la alfombra se iba a estropear con tanto salto y la invitó a pensar seriamente en adaptar el garaje de la casa.
Carreño vive junto a su familia en en el barrio de Celebration, una comunidad de alto estándar de unos 11 kilómetros cuadrados de estilo victoriano y tonos pasteles, ideada por Walt Disney y construida en 1996. Se ubica a unos 34 kilómetros de Orlando, en el condado de Florida.
Usar el garaje como gimnasio no era una idea tan loca, porque estaba siendo subutilizado.
«El estacionamiento de la casa es un espacio cómodo y amplio, la cantidad de gente que ocupa su garaje para guardar el auto es mínima. Nosotros siempre dejamos nuestro auto afuera, en la calle y no pasa nada. Llevo seis años y no tengo noción ni recuerdo de que me hayan abierto el auto», dice la también ingeniera comercial. «Era lo mejor porque así no molesto a nadie. Empecé a comprar más implementos para mi gimnasio como máquinas, espejos, mat».
Carreño crea rutinas personalizadas con su empresa Life Fitness Coaching, que imparte clases presenciales y online, sobre todo a chilenas a través de su cuenta de Instagram @lifefitnesscoaching.
Hace poco más de un año comenzó con una alumna y ahora tiene 17 que van a su gimnasio y 31 que la siguen online.
«Tengo muchas alumnas de Chile, sobre todo mamás», señala.
Tiene seis máquinas de ejercicios, entre ellas, una trotadora y una especial para glúteos o espalda.
«Fui de a poco comprando y cambiamos el piso. Es uno especial para hacer ejercicio que es más blando. Como era un lugar para guardar, había una sola luz, por lo que le agregamos tres más. Compré un refrigerador para tener agua para las alumnas. Son detalles que hacen la diferencia, porque a muchas se les queda la botella del agua», dice.
¿Puso aire acondicionado en el garaje o tenía?
«Le puse, pero lo tuve que hacer yo porque en Estados Unidos todo cuesta cinco veces más. Tengo aire acondicionado en la casa y coticé la extensión: eran US$4.000, carísimo. Al final compré un aire acondicionado en Amazon de la marca Black y Decker que me costó US$800 y se enchufa a la corriente. Mi marido, que me ha ayudado con todo, me hizo la instalación y funciona impecable».
¿No le complica usar su casa como lugar de trabajo?
«No porque el garaje es independiente, está afuera de la casa y tengo entrada por fuera. No hay problema».
¿En el condominio permiten tener un gimnasio?
«Es un barrio residencial y no tengo un letrero que diga que hago clases. Y no es que haga entrenamiento a todos a la vez, mis clases son reducidas, lo máximo que tengo son tres alumnos juntos porque me gusta hacerlas personalizadas. Generalmente vienen de a uno, eso impide que colapse el estacionamiento afuera de mi casa».
Les hace clases a chilenas, ¿cómo coordina las sesiones con la diferencia horaria?
«Soy bien organizada porque tenemos dos horas de diferencia para hacer las clases en vivo y en directo. Me levanto a las 5:45 porque las clases son a las 9:00 am hora chilena, que son las 07:00 am hora mía. Partí haciendo clases online para Estados Unidos y hoy tengo más alumnas en Chile, porque están con sus hijos de vacaciones y les cuesta salir, y pueden entrenar con sus hijos en casa».
¿En Estados Unidos hay interés por el deporte? Porque la tasa de obesidad es alta.
«Hay un nivel de obesidad impresionante, pero están cada vez tomando más conciencia de eso. La comida chatarra es baratísima, la gente come muy mal. Tengo una alumna con obesidad mórbida, que no quería ir a un gimnasio tradicional, le daba vergüenza porque se daban vuelta a mirarla. Buscó un espacio como el mío, más privado, porque se siente más cómoda».


