Lo único que le pedía a Dios era que aguantara más tiempo
Había días duros donde no mejoraba, no paraba el sangramiento. Pensábamos que paraba y venía de nuevo, relata hoy más tranquila.
«Tuve un desprendimiento (de placenta) importante. Son cosas que le pasan a un buen porcentaje de mujeres», cuenta de entrada Flaviana Seeling, quien hace unas semanas, cuando atravesaba su quinto mes de embarazo, permaneció internada con síntomas de pérdida. Era la segunda situación compleja que vivía durante esta gestación. Ya tuvo una mientras vacacionaban en familia en Brasil.
Hoy puede hablar con tranquilidad tras días complejos. Desde pasar la Navidad internada en el recinto médico hasta rogar para que su cuerpo resistiera. «Leer tantas mujeres en Instagram que me decían que habían pasado lo mismo y que sus hijos eran grandes, me dio esperanzas. En la clínica no me las daban. Me dieron reposo y ver día a día lo que iba a pasar, cero esperanzas», recuerda.
El diagnóstico de desprendimiento de placenta, asegura, no fue por bailar ni por la edad (tiene 47 años), sino que «no hay un por qué». Es más, explica que «cuando me pasó, no estaba bailando ni haciendo nada. Estaba en la casa con mi familia, haciendo algo muy tranquilo, un asado para recibir a mi mamá. Fue ahí cuando tuvimos que ir de emergencia a la clínica y ahí me quedé. No me dejaron salir. Nunca había pasado una Navidad internada. Fue bien especial».
Por eso, era difícil dar una noticia positiva. Ahora sí, confirma. «Si el bebé llegara a nacer, nosotros tenemos opción de ponerlo en una incubadora, ya tiene una solución. Obviamente es un riesgo, pero podría sobrevivir fuera de la guatita. Lo único que le pedía a Dios era que aguantara más tiempo».
Hubo momentos complejos, pues «había días duros donde no mejoraba, no paraba el sangramiento. Pensábamos que paraba y venía de nuevo», dice, añadiendo que gracias a la fe pudieron salir adelante. «Estamos tan agradecidos de la gente que ha rezado por nosotros. Soy muy creyente en Dios y creo que eso fue lo que hizo la diferencia. Era sólo rezar. La membrana se podía romper y se acababa todo. Mucha gente rezó por nosotros y se vio la diferencia».
Orlando Carmona, su esposo, tuvo un rol fundamental, siendo un apoyo para Flaviana. Eso sí, describe que «fueron días difíciles, tristes, de harto nerviosismo y duda». Es más, cuenta que si bien por fuera estaba fuerte, «a veces por dentro bien triste. Aprovechaba cuando llegaba alguien y salía a tomar aire y botar esa pena».
Flaviana agrega que hubo momentos donde no había esperanza, pero que «el baby es fuerte. Él no sintió nada, estaba bien. Era sólo la placenta. Un día que estábamos tristes, hicimos una ecografía y él estaba con los brazos atrás de la cabeza, como si estuviera tomando el sol».
Usted comentó anteriormente que iba a bailar hasta el último día de embarazo ¿Cómo ha sido tener que parar su pasión y trabajo en pos del bienestar de su hijo?
«En los embarazos de mis hijos (Giuliana y Gianluca) pude bailar hasta el final. Ahora fue diferente. No me lo esperaba, pero la verdad es que me ha da una mezcla. Ha sido tan parte de mi vida el bailar, tanto que el doctor no me prohibió bailar, incluso él tiene fe que pueda seguir bailando. Pero uno tiene miedo. Mi cuerpo está acostumbrado a bailar y todos los bailes que hice fue con autorización del doctor. Me dio pena, porque bailar me da alegría y también no poder cumplir unos compromisos. Pero ya creo que esta semana tendremos el alta y tengo fe de que todo saldrá bien. Ahí veremos, como familia, si seguimos o no bailando. Como es parte de mí, el doctor me dijo que ahora no habría problema en subirme a un escenario a bailar, pero eso hay que verlo cuando me den el alta».
¿Cuál es su estado actual? ¿Está con reposo en cama?
«Tengo reposo, pero ya me puedo levantar, caminar, no correr. Ahora puedo acompañar a mis niños. Me estoy moviendo. El otro día entré por primera vez a la piscina. De a poco retomando todas las actividades. La próxima semana tengo cita para saber cómo estoy. Pero estoy con ánimo, con esperanza. Todo cambió».


