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Título/Pie de foto: La exposición incluye dioramas que recrean el Desastre de Rancagua.
Rodolfo Gutiérrez, Zerreitug, presenta en esa ciudad una retrospectiva de su obra
Tallador y realizador de dioramas, el autor ha reunido escenas históricas y personajes costumbristas.
Jazmín Lolas E.
Los piratas abundan en la producción de miniaturas de Rodolfo Gutiérrez y la razón es que al tallador no le cuesta nada, según confiesa, dejarse llevar por las innumerables leyendas tejidas en torno a esos personajes.
«Es fácil entusiasmarse con tantas aventuras», comenta el artista, quien actualmente presenta una retrospectiva de su obra en la Sala Viña del Mar (Arlegui 683).
Más conocido por su seudónimo Zerreitug, el autor se ha dedicado por más de 50 años a moldear figuras en madera y a fines de los 70 empezó a recrear en dioramas tanto lugares típicos de Chile como episodios relevantes de su historia. Hoy es el único exponente de ese oficio en el país y sus piezas se encuentran en museos, municipalidades y en más de quince estaciones del metro.
La exposición en Viña del Mar, la primera que realiza en seis años, resume las distintas facetas de la trayectoria de Gutiérrez: reúne personajes, retablos, dioramas y dibujos.
Estos últimos, que suman cerca de mil y han sido enmarcados para su exhibición, corresponden a bosquejos de obras mayores y abarcan desde los años 70 en adelante.
Las figuras presentes, en tanto, son más de 40, y dan forma a un conjunto costumbrista y fantástico en el que, además de los piratas ya mencionados, se encuentran personajes literarios como el Quijote, al igual que pescadores, marineros y campesinos chilenos.
La selección de dioramas incluye seis trabajos. Dos de ellos son inéditos y forman parte de una serie que el artista hizo por encargo del Museo de Penco. Uno recrea el terremoto y maremoto de 1751 en ese pueblo -que obligó al traslado de Concepción- y el otro reconstruye la llegada del tren, en 1900. El resto lo integran representaciones anteriores y entre ellas se cuentan varias escenas del Desastre de Rancagua.
«Desde que partí, en 1979, he construido 90 dioramas que se encuentran en distintas ciudades. Es un trabajo lento, porque invierto unos seis meses en cada uno, pero es el que más me interesa. Es como si jugara con la historia. De alguna manera, uno se vuelve parte de un acontecimiento importante y debe recrearlo de tal manera que sea verosímil para quien lo ve. Imagínese si apareciera algún elemento fuera de época… En todo este tiempo, nunca he recibido una queja», cuenta Zerreitug.
-¿Cómo es su proceso de trabajo?
-Siempre visito el lugar, tomo fotos y luego estudio los documentos donde está registrado el hecho que me han encargado recrear, ya sea el Desastre de Rancagua o la construcción del Puente Cal y Canto. Recién entonces empiezo a pensar en los personajes y las escenas.
Un día en la Vega Central
Rodolfo Gutiérrez, o Zerreitug, trabaja actualmente en la realización de diez nuevos dioramas que le han encargado diversas instituciones.
Entre ellos se cuenta uno que recreará la Vega Central y otro que escenificará la mejor época del desaparecido Café del Cerro.
Sobre el proyecto de la Vega, el autor comenta que contempla la reproducción de cuatro grandes pasillos de ese mercado y que, entre locatarios y compradores, incluye la elaboración de cerca de cien personajes y objetos.


